En el Olimar
Viajar con Viglietti en una camioneta con su banda en Sol mayor no es algo que suceda todos los días. LA REPUBLICA tuvo el privilegio de viajar a toda marcha con los integrantes del grupo, con Cristina Fernández y Washington Carrasco, también invitados a unos de los eventos folclóricos más importantes del país, que es gratuito y que cada año se acrecienta.
No faltaron los cánticos a media voz, los murmullos del cantor transformado en guía turístico ocasional, señalando las bondades del paisaje serrano que él conoce como los tacuruses. Parada obligada en Minas para muchas cosas, pero para degustar en la intimidad las cositas sabrosas de la tierra minuana. Que suma de talentos.
El guitarrista Carlitos Da Silveira, ex músico de Darnauchans, el creativo flautista Pablo Somma, el pianista Andrés Bedo, el siempre trascendente percusionista Jorge Trasante, el sonidista, fundamental en el armado del espectáculo Nicolás Demczylo. Todo esta aceitada infraestructura funciona bajo la eficiente batuta de Elbia y los afanes de Lourdes, la compañera del maestro. El escenario Serafín J. García, protagonista sonoro de tantos años de trajinar sobre las raíces de nuestra tierra hecha expresión en el canto popular revienta de gente. Los locutores despiden una formidable actuación de Cristina Washington, pero agregan con énfasis: Vamos a recibir en el escenario al flamante Visitante Ilustre de la ciudad de Asunción, otorgado por la municipalidad, adonde Viglietti viajó recientemente para recibir el galardón.
Cuando Daniel aparece en escena todos son vítores. Es el reconocimiento de la gente para un cantautor lleno de leyenda y de distinciones en todo el mundo.
Le piden las canciones de siempre y el entra al trapo. Luego discurre por las composiciones de La Trova Cubana, con la que Viglietti se consustanció desde su comienzo artístico.
Sonaron melodías de Silvio Rodríguez, de Pablo Milanés y los famosos Esdrújulos del autor. El público enfervorizado quiere más pero la lista es larga y ya esta Mauricio Ubal esperando su turno. Y Viglietti se va con el calor de su público y con una banda talentosa que lo mima mucho. El se va con su estampa seria por el camino de la humildad y de la leyenda. El regreso de madrugada entre la Cruz del Sur, los arroyos y los teros, entre el Cebollatí y el Olimar, se hace corto por los sueños de todos.
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