Estreno. Un western que marca un camino diferente en el género

Cuando los héroes cabalgan juntos entre la vida y la muerte

«Sobre la vida y la muerte» es el segundo filme dirigido por el actor Ed Harris, tras el interesante «Pollock» (2000). Aquí trabaja sobre una novela de Robert Parker, «Appaloosa», un rincón perdido del Oeste norte americano a donde llegan dos veteranos, el propio Harris y su amigo Viggo Mortensen para hacerse cargo de la seguridad del pueblo mediante un arreglo desesperado con los gobernantes de turno en una sociedad petrificada.

Enfrente a ellos se mueve el bandolero Braggan (Jeremy Irons) y su pandilla, quienes tienen aterrorizado a todo el poblado de Appaloosa.

La secuencia inicial, que morosamente retrata a los dos personajes, muestra como Harris se preocupa de dotar a los planos de una auténtica búsqueda de lo típico, con un delineamiento que va pautando la conducta de los personajes. Se puede decir que Harris condensa ahí el estilo descriptivo que luego irá a desarrollar con plenitud pero donde avisa que este no es un western clásico o de los de antes. Es necesario meditar en las propuestas. Tampoco reniega de las leyes del western, muy en la línea de la renovación del mito. Podría decirse que Harris ha releído al maestro John Ford en «Pasión de los fuertes» (My darling Clementine,1947) pero solo lo admira. Tampoco lo han influido otras experiencias recientes, como «Los tres entierros de Melquiades» (2005), de Tommy Lee Jones o «La proposición» de John Hillcoat también de 2005. Tampoco pretende hacer revisionismo como Clint Eastwood en «Los imperdonables» 1992 o el «Tren de las 3.10″, 1997 de James Mangold.

Aquí instala la peripecia física sin los acostumbrados sobresaltos. Es una evocación minimalista, si repasamos los lugares comunes del género. Une el relato con morosidad y cada uno de los actores juega con eficacia la profundidad de sus roles. No hay nada que no hayamos visto en la larga historia de los filmes del Oeste. El personaje del malvado Jeremy Irons y de Alison French (Reneé Zelwegger) si bien son exponentes de tantos personajes del western, cumplen la misión de interrogar y sacudir los mitos. Ella, jugando el papel de mujer comprensiva y carnal, pero reivindicando la presencia femenina en un mundo de hombres y quizás para dar a entender que el rol de las mujeres pudieron tener otra dimensión en el entramado de la filmografía del Oeste.

Quien que se lleva las palmas y el peso del libreto es Viggo Mortensen, actuando como la otra conciencia del protagonista Harris, a quien protege y ayuda a usar el lenguaje con corrección. La amistad que se profesan en las buenas y en las malas, la virilidad, la amistad inquebrantable a pesar de los vericuetos del guión, culmina en una actuación formidable de un Mortensen mucho más pulido y concentrado, con un empaque físico sorprendente.

De ahí que el final, que no conviene revelar, opere como un ajuste de cuentas consigo mismo, con el entorno y con los significados míticos. Este es un western que no está «chapado» a la antigua y que propone nuevas vías hacia la perennidad de un género que se vuelve sobre sí mismo y observa su propias reglas. Reglas que respeta pero que solo le sirven de excusa para rendir culto a los valores que hicieron del mismo uno de los más vistos por los cinéfilos a lo largo de la historia del cine.

Pero también se puede intuir del discurso del director y guionista de la película Ed Harris, -quien también redondea una formidable actuación- una referencia vigente al uso gratuito de la violencia y a los poderes fácticos que se mueven detrás de bastidores. Por lo tanto, en el resultado de «Entre la vida y la muerte» algo sigue vivo y se mueve, pero mirando de frente a la realidad de hoy, en un alarde de inusual talento cinematográfico.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje