Brillante feria de Basilea

La excesiva multiplicación de bienales y ferias de arte ha banalizado sus contenidos. Esa avalancha periódica impide separar lo auténtico de lo prescindible y, especialmente, confunde al aficionado si no está acompañada de la difusión adecuada en vicios y virtudes, por lo menos en estas latitudes.

La Bienal de Lyon, una de las más importantes, es desconocida. No obstante, en sus nueve ediciones, logró establecer, a través de curadores eminentes (Harald Szeemann, Jean- Hubert Martin y la infatigable y permanente del director artístico Thierry Raspail) profundizar en temáticas intensas y originales que no suelen verse en otras más antiguas y prestigiosas. Por la sencilla razón de no estar tan condicionada por poderosos intereses internacionales y mantener la independencia de criterio. Entre otros aciertos memorables, la tercera estuvo dedicada a una completa revisión del videoarte desde sus orígenes hasta los últimos talentos emergentes.

Algo similar sucede con Art Basel. Con su 40ª edición, en junio de 2009, Basilea celebra el alto nivel de exigencia que la caracteriza y la peculiar atmósfera que la recorre durante esos cinco días que conmueven el mundo del arte.

Al encanto de una antigua ciudad a escala humana, con sus tranvías modernos circulando por la ciudad, la Feria de Basilea obedece a un criterio unitario y plural, conjugando todo el arte del siglo XX con la audacia de los talentos emergentes que se manifiestan por vez primera. En ningún otro lugar existe la oportunidad de poner en conmoción la increíble aventura del descubrimiento de una pintura ignorada de Picasso, el escondido secreto de una acuarela de Klee, la sorprendente alegría cromática de Matisse, el poder hipnótico de Shirin Neshat. Todo puede ocurrir entre las 300 galerías más importantes del mundo que despliegan un arsenal de firmas conocidas con obras totalmente desconocidas.

A esos minimuseos que se superponen en espacios inteligentemente presentados, se agrega diversidad de propuestas de estricta cointemporaneidad. Una de ellas, los 19 proyectos orientados por las galerías en un diálogo entre dos artistas, en diálogos apasionantes, imprevisibles, entre artistas de herencia cultural y generacional distintas

Las personalidades históricas como Mario Merz (1925-2003), Gino de Dominicis (1947-1998), Eugène Leroy (1910-200), François Morellet (1926) o el colectivo canadiense General Idea (1969-98) dialogan con los jóvenes chinos Tsiu Kuang Yu (1974) y Zhang Pelli.(1957), ya consagrado en bienales y considerado el padre del video en China, el japonés Ei Arakawa (1977) o el francés Simon Dyboe Moller (1976). Son nombres poco familiares por estas latitudes pero figuras prominentes en los círculos artisticos de numerosos países. Que es indispensable conocer si no se quiere permanecer al margen de la producción artística actual.

Ese formidable despliegue de actualidad, ese continuo asombro de plurales inventivas, se prolonga por los fascinantes museos de Basilea, donde 70 espectaculares telas de Vincent van Gogh provenientes de colecciones privadas y museos de todo el mundo indican el principio de la modernidad en una muestra que se puede ver una sola vez en la vida. Para citar una de las numerosas exposiciones que potencian, enapenas cinco días, el atractivo artístico de Basilea, esa ciudad a la que conviene visitar regularmente.

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