SECRETOS Y CONFESIONES
La crisis de 2002, que hizo añicos al sistema financiero uruguayo, fue uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia contemporánea.
Aunque el discurso hegemónico de la época atribuyó esta inquietante concatenación de episodios a factores meramente exógenos, es claro que existió una grave irresponsabilidad gubernamental.
Como se recordará, por entonces el país era gobernado por una coalición integrada por colorados y blancos que naufragó en las postrimerías de 2002, luego de casi tres años de sólida alianza política.
Aunque el Partido Nacional ahora se haga el distraído tratando de lograr réditos electorales, la historia lo condena por su responsabilidad en la aplicación de las recetas neoliberales que nos condujeron al desastre.
En efecto, una de las causas más visibles del derrumbe del sistema bancario y sus graves secuelas en la economía del país, fue la casi total ausencia de regulación de la actividad de los bancos privados.
Esa excesiva libertad de gestión provocó, entre otros males, el sistemático vaciamiento de importantes instituciones de plaza y la indebida operativa de otras que no gozaban de suficiente solvencia.
De algún modo, la actual debacle global que contaminó al sistema financiero mundial y sumió al mundo industrializado en la recesión con graves repercusiones en nuestra región, tiene su génesis en la actitud prescindente del Estado.
Felizmente, las actuales regulaciones en materia financiera ponen a nuestro país a buen recaudo de eventuales ilícitos bancarios como los del pasado reciente.
Una de las quiebras más sonadas de la época fue la del Banco Montevideo, que derivó en el procesamiento de varios miembros de la familia Peirano, por entonces propietaria de la institución.
En «Es la vida», Jorge Peirano Basso, que permaneció privado de libertad durante más de cinco años por los cargos de fraude que se le fueron imputados, elabora una suerte de suscita autobiografía, que narra su experiencia en prisión.
En el prólogo, Peirano explica que este no es un libro de análisis de la crisis del 2002 ni una apología de su persona, sino una reflexión personal sobre acontecimientos que aún nos impactan.
En todo momento, queda claro que la intención del autor de este trabajo no fue formular una confesión de culpa ni de inocencia por lo sucedido.
Sin embargo, en el primer capítulo del libro, el abogado y ex banquero cuestiona seriamente el auto de procesamiento que determinó su remisión a la cárcel.
Al tiempo de deplorar lo que considera un «linchamiento mediático», Peirano acusa a las autoridades de gobierno de la época de transformar a su familia en única responsable de la crisis y de no asumir sus propias culpas.
El texto recrea las presuntas vicisitudes padecidas en situación de confinamiento. En tal sentido, el autor critica las condiciones en las cuales permaneció preso.
Empero, el libro no se agota en la mera evocación de esa experiencia, sino que asume un sesgo claramente biográfico, que recupera incluso fragmentos de su infancia y adolescencia.
En los últimos capítulos, Jorge Peirano Basso ensaya diversas reflexiones en torno a la vida, la libertad, la guerra, el amor, la moral, la solidaridad y hasta su fe religiosa.
Aprovechando el espacio disponible al máximo, el ex banquero aprovecha para formular un inconveniente catecismo neoliberal, acorde con sus convicciones ideológicas y su privilegiado rango social oligárquico.
(Edición Temas de Hoy)
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