En escena. Estreno en las tablas por Teatro en el blanco

Neva de Guillermo Calderón  en el Auditorio Nelly Goitiño

Ella intenta ensayar «El jardín de los cerezos», aunque faltaron algunos actores y hay sólo un hombre (Jorge Becker). Más grandeza cae sobre el escenario, pero oímos tambores lejanos. Cuando esperamos la hagiografía, la inevitable adhesión sentimental, en el estilo de «Chejov ­ Chejova» o «Tu mano en la mía», Guillermo Calderón se sale del marco. La actriz no puede con el personaje. Es humana; demasiado humana.

Sus compañeros tratan de ayudarla; uno de los más extraños recursos a que acuden es revivir la reciente muerte de Chejov, con el champagne, las copas, el médico alemán, el objetivo «Ich sterbe» («Me muero») con que el moribundo informa al galeno; pero hay un toque, levísimo pero que roza el absurdo, de irreverencia y casi de desafío.

El ensayo se enriquece con agudas reflexiones sobre el arte teatral; poco a poco los disturbios callejeros alcanzan la sala vacía, reducida a una butaca alta como un pedestal; Al fin Masha (Paula Zúñiga) que ha adoptado una actitud crítica hacia Olga, vuelve a dislocar el cuadro, casi a demoler al teatro, insertando en lo que creíamos una evocación o una biografía teatralizada más, un virulento discurso revolucionario que no contiene ya las sutiles palabras de Chejov sino, antes bien, algo entre los alegatos de Gorki y las demostraciones casi matemáticas de Marx, todo ello dicho en el informe, natural, peligroso vocabulario de la calle. El teatro es puesto en tela de juicio; y no hay ninguna absolución ni redención para el arte dramático; ni siquiera la hay para Chejov y su «a los que vendrán después de nosotros».

Disfrutamos de la potencia verbal de Calderón, de un texto que parece a la vez fresco e inteligente, como si fuera el feliz producto de improvisaciones dirigidas y luego vigiladas por una crítica implacable. Como «Diciembre» (que vimos en el festival de Cádiz y comentamos en aquella ocasión), «Neva» es un placer para la mente, para la imaginación y para el sentimiento; aún para el sentido del humor, que no falta y aparece siempre en buena ocasión. Pero un poco más allá del placer, «Neva» escribe en la oscuridad un signo de interrogación que nos apremia. Hay la alegría de la creación; pero hay también una nota amarga, como si el autor y «Teatro en el blanco», pese a su juventud, hubieran ido, ya, demasiado lejos, hubieran alcanzado ya la madurez. Contribuye a esta sensación última la perfección técnica, visible en la dirección, que no erra nunca el ritmo adecuado, y la interpretación, donde tres voces distintas, de colores diferentes, se funden en una sola e inolvidable música.

Demás está decir que «Neva» y «Diciembre» fueron, hasta hoy, las dos mejores obras que vieron los espectadores montevideanos este año. No es indiferente a su triunfo que «Teatro en el blanco» (un nombre que también hace pensar: allí llegarán flechas y balas) no tenga ni busque «fondos concursables» ni participe en programas «¡A escena!».

NEVA, de Guillermo Calderón, con Paula Zúñiga, Trinidad González y Jorge Becker, dirección de Guillermo Calderón. En sala teatro Nelly Goitiño.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje