Drama. El filme es un agudo retrato del autoritarismo de una aristocracia decadente

La duquesa: el alto precio de  la fortuna y la posición social

Esta decadente clase social, cuyos privilegios por la dinámica de la historia fueron heredados contemporáneamente por la burguesía, gobernaba otrora todos los engranajes y los mecanismos de decisión de la sociedad de su época.

Los títulos nobiliarios, que a menudo eran comprados cuando no legados por los antepasados de las familias que los ostentaban, constituían un requisito indispensable para alcanzar los más altos rangos políticos y sociales.

Dueños de cuantiosas fortunas y propiedades originadas con frecuencia en el saqueo, el robo y el pillaje, los aristócratas también detentaban el control de la vida de sus vasallos y servidores.

Esa suerte de sumisión que tenía mucho de práctica esclavista, solía devenir en situaciones de cruda degradación y aherrojamiento de voluntades individuales y colectivas.

En ese modelo de sociedad cerrada a cal y canto por el autoritarismo del poder hegemónico, la mujer era apenas un mero objeto decorativo, cuya única función era parir y obedecer.

En «La duquesa», el realizador Saul Dibb construye un esplendoroso y hasta desgarrador cuadro de época, con el propósito de narrar el drama real de Georgiana Cavendish.

El filme, que está ambientado a fines del siglo XVIII en Inglaterra, es la infame historia de una mujer que pagó un alto precio por sus propios delirios de grandeza y los de su madre.

Forzada a casarse por conveniencia con el poderoso duque de Devonshire, la protagonista debe padecer los permanentes desprecios y desplantes de un hombre que no la ama.

En efecto, el noble sólo aspira a que su esposa sea una mera hembra paridora, capaz de darle un hijo varón, que herede su título, sus propiedades y mantenga su rancio linaje.

Mientras tanto, este duque, que es una suerte de autoritario señor feudal, sigue manteniendo amantes de ocasión que recibe en los aposentos de su propio palacio, sin importarle la opinión de su esposa, a quien naturalmente ignora como si no existiera.

Sin embargo, la indiferencia se transforma en ira, cuando de los dos primeros embarazos de la infortunada duquesa nacen niñas. Obviamente, el noble reacciona con visible destemplanza e irritación y hasta se permite violar a su mujer, como si se tratara de alguna de sus sumisas meretrices.

La irrupción en escena de otros dos personajes ­una privilegiada amante del noble que vive en el palacio junto a la pareja y un joven que corteja a la humillada esposa­ modifica radicalmente el curso de la historia.

No es casual que la duquesa de Devonshire haya sido antepasada directa de la princesa Diana de Gales. En tal sentido, resulta muy explícito el paralelismo existente entre ambos personajes femeninos.

Sin embargo, esta no es la mera historia de una mujer sumisa e intrascendente, que aunque debió soportar bochornosas humillaciones, tuvo en su época un protagonismo singular.

Adicta al juego ­una actividad por entonces bien masculina­, también participó en política e incluso se alineó con un partido antagónico al de su marido, que profesaba un ideario bastante liberal y acorde con sus propias aspiraciones de emancipación personal.

El filme está dirigido con indudable solvencia y profesionalismo por Saul Dibb, quien condensa en su relato todas las contradicciones de una clase social autoritaria, ociosa y fuertemente aferrada a sus privilegios.

Mediante una formulación estética que alcanza su cima en la esplendorosa reconstrucción de época y una cámara que juega con los encuadres y las imágenes desenfocadas, el cineasta construye una narración de tensa dimensión dramática.

Paralelamente, retrata elocuentemente a la fauna aristocrática del denominado «Siglo de las Luces», sus vicios, sus obsesiones, sus frivolidades y hasta sus más degradantes miserias.

En un reparto altamente profesional, sobresale el buen trabajo actoral de Keira Knightley, Ralph Fiennes y la interminable Charlotte Rampling.

La duquesa. Reino Unido y Francia 2008. Dirección: Saul Dibb. Guión: Jeffrey Hatcher, Anders Thomas Jensen y Saul Dibb. Música: Rachel Portman. Fotografía: Gyula Podos. Reparto: Keira Knightley, Ralph Fiennes, Charlotte Rampling, Dominic Cooper, Hayley Atwell y Simon Mc Burney.

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