Mil usos para un mecanismo a tracción a sangre resuelve problemas: las bicimáquinas
«Es algo que Dios me ha dado, a veces yo sólo estoy durmiendo y sueño las cosas, y las puedo hacer», dijo Marroquín a BBC Mundo.
Y es que Carlos Marroquín crea bicimáquinas, aparatos que funcionan a pedal, hechos de partes de bicicletas usadas, que él diseña para los más diversos usos: bombear agua, irrigar cultivos, lavar ropa, desgranar maíz o hacer licuados, entre otros. Sus inventos son una respuesta positiva al cambio climático: energía limpia, a bajo costo, reciclando materiales. Pero el objetivo mayor de Marroquín, y de la organización que integra, Maya Pedal, es transformar vidas.
«Lo que nosotros buscamos es que la gente aprenda a crear su propio empleo, que no dependa de ninguna fábrica o empresa, que las personas generen su propia economía y ayuden a sus familias, que aprendan a usar lo que tienen a su alrededor». Un golpe del destino. Maya Pedal nació en 1997, cuando un grupo de canadienses, de la organización no gubernamental PedalCanada, llegaron a Guatemala quierendo ayudar a comunidades afectadas por la larga y desgarradora guerra civil en el país centroamericano. Lo que nosotros buscamos es que la gente aprenda a crear su propio empleo, que las personas generen su propia economía y ayuden a sus familias, que aprendan a usar lo que tienen a su alrededor. «En ese tiempo había un conflicto armado, que había dejado a las mujeres sin sus esposos, sin recursos económicos, sin servicios esenciales», recuerda Marroquín, quien en ese entonces trabajaba conduciendo autobuses. El trabajo no le gustaba, pero en el taller de autobuses pudo aprender mecánica. «Yo siempre tenía una visión de hacer otra cosa en la vida, y le pedía a Dios, qué es, qué es lo que quieres que yo haga?» Marroquín ya había creado su primera máquina, un bicimolino para moler maíz, que hoy describe como «un monstruo, yo lo había hecho artesanalmente, porque no tenía soldadora ni nada».
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