Un repaso sobre la tragedia
Es, sin dudas, el mejor trabajo audiovisual que se haya realizado sobre el caso. Un directo a la mandíbula que, por instantes, deja sin aliento mientras el espectador siente que se le pone la piel de gallina frente a la confesión desnuda de los sobrevivientes.
Lo importante del caso es que este registro no apela al golpe bajo, sino que eleva su mira a niveles de altísima reflexión ya que la propuesta del director Gonzalo Arijón es tan sobria como conmovedora.
Con un atinado manejo del montaje una reconstrucción ficcionada por actores alterna con las entrevistas de los protagonistas reales, «La sociedad de la nieve» va construyendo un periplo de gradación ascendente que resume en forma magistral todas las historias dentro de la historia (cabe recordar, además, que el rodaje en crudo de unas cincuenta horas de extensión supuso la base temática para la escritura del libro homónimo de Pablo Vierci que devino en best seller).
En esta madeja de acontecimientos, la lente del consagrado jefe de fotografía César Charlone logra además un sutil nivel de excelencia en la aparente sencillez descarnada de un blanco y negro que registra ese pretérito, rememorado desde la partida del aeropuerto el 12 de octubre de 1972.
Vale la pena aclarar que el planteo no sólo juega sus cartas al flashback virtual sino que también maneja una ajustada recopilación de imágenes (la conferencia de prensa en el Christian, material de archivo chileno, algunas fotos del legendario Juan «Coco» Caruso), entre otros componentes que suman la globalidad del friso.
Mientras las imágenes se suceden, la voz en off de los sobrevivientes (y de otros participantes como el artista plástico Carlos Páez Vilaró) van pasando revista a lo acontecido en medio de depuradísimas cavilaciones que dan cuenta de toda el agua que pasó bajo el puente mental de estos hombres. Pero más allá de esos pensamientos que sobrevuelan el documental en forma permanente, el documento fílmico logra un estado de desacostumbrada «participación» con la platea. (Hay momentos, como el relato entremezclado de las vivencias frente al impacto mismo del avión, que logran un clímax antológico).
De alguna manera, el golpe también lo recibe el público que puede llegar a sentir las muertes y el desamparo como si también estuviera dentro del fuselaje y percibe ese remoto y morboso asedio de los periodistas de la época. Aunque resulte obvio decirlo, «La sociedad de la nieve» es una realización que exhibe una sinceridad brutal y desgarradora. Supone una especie de tránsito perturbador que descoloca por la frontalidad de un testimonio colectivo que quizás debió esperar todo el tiempo transcurrido para proponer un discurso de elevada madurez. Es, también, un sincero homenaje a los amigos que no están; aquellos que entregaron su cuerpo y sangre en la sagrada comunión trasandina. Esos que, según dice el propio Canessa en otro vibrante pasaje del filme, siguen hablándole al oído a pesar de los años. Ni el texto «Viven» de Piers Paul Read (y mucho menos la versión hollywoodense de Frank Marshall) lograron la estatura inobjetable de esta labor. Vale la pena enfrenar la experiencia.
Dirección: Gonzalo Arijón Producción: Marc Silvera. Cinematografía: César Charlone y Pablo Hernán Zubizarreta. Color: Guillermo Fernández. Edición: Claudio Hughes, Samuel Lajus y Alice Larry. Diseño de sonido: Fabián Oliver. Música: Florencia Di Concilio Perrin. Mezcla de sonido: Georges Lafitte. Con los sobrevivientes: José Pedro Algorta, Roberto Canessa , Alfredo Delgado, Daniel Fernández, Bobby François, Roy Inciarte, Alvaro Mangino, Javier Methol, Carlos Páez, Nando Parrado y Moncho Sabella.
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