En escena. "Pareja abierta", de Darío Fo y Franca Rame, en el teatro Alianza

La geometría del amor

Nuestro teatro ya conoció otra versión, por Pepe Vázquez e Imilce Viñas, en la que los autores de la pieza aparecían, las damas primero, como Franca Rame y Darío Fo.

Fo y Rame muestran que el cuerpo puede más que las ideas; que hay una verdad de las tripas que se resiste, con buenas razones, a los excesos de la imaginación y a los extraños sueños de la mente.

Hay un aspecto didáctico en «Pareja abierta», en los apartes al público, por los que los protagonistas comentan la acción y sus pensamientos con los espectadores. Nos hacen sus confidentes y sus cómplices; la discontinuidad de la acción que produce el aparte se compensa con un cálido flujo de simpatía entre el público y ambos personajes, que tienen sus defectos pero también sus virtudes.

El marido (Augusto Mazzarelli) trata de vestir infidelidad con modernidad: dice que pone en práctica la idea de la «pareja abierta». Libertad para ambos; pero la mujer (Susana Groisman) le toma la palabra. Conseguirá, o fingirá conseguir, un amante, un científico, más joven que el marido. Es de aplicación aquel refrán «Donde las dan, las toman».

La pieza divierte y hace reír con la gracia de las situaciones y el ocasional brillo del diálogo. En algún momento parece estirarse sin crecer: era inevitable, dado el carácter divagador, mercurial, de «Pareja abierta», propio de las improvisaciones que la originaron. Si intentamos reflexionar luego del apagón final, se nos superpone al recuerdo una pátina de antigüedad, una sensación de temas ya discutidos, de «ya visto». No hay que pararse a pensar en «Pareja abierta»; hay que dejarse llevar; pero si no suscita un mínimo de pensamiento, un golpe de retroceso sobre nuestra psiquis, no hay comedia.

Es muy buena la interpretación de Mazzarelli que, en un estilo afín a las bufonadas de Darío Fo, compone un personaje de recia comicidad; Susana Groisman, en el mismo plano de excelencia, actúa en un estilo distinto: es más consciente de sí misma, es más astuta y, como siempre ocurre, es quien triunfa. Quizás sea la impronta de Franca Rame.

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