Neuronas y Neurosis

REANIMARON LOS OSCAR

Hollywood quiere recuperar su imagen. Su olfato le dijo que estaba bastante venido a menos y los últimos años las trasmisiones televisivas marcaban una ausencia de creatividad y de lo que es su principal objetivo: trasladar esa fascinación de las bellas y los lindos famosos.

Ello produjo el lógico efecto de la pérdida de audiencia nacional y global por lo que hubo que repensar cómo romper el aburrimiento que daban tantas caras largas en el teatro Kodak. Y creemos que se logró con un par de ajustes, no mucho más.

Lo primero que se destacó fue el presentador Hugh Jackman, un australiano que está en alza en cotización, desde su «Wolverine» en la saga de «X-Men» y que ya es considerado uno de los fulanos más apuestos, de esos que hacen suspirar a la buena mitad de los espectadores.

Jackman, que rompió con la costumbre de tener a comediantes como presentadores, probó que puede hacer todo mejor, desde humoradas con las divas presentes o cantar y bailar al mejor estilo de los musicales, que también estarían volviendo.

Se le vio natural, sin desvaríos, con dominio absoluto de sus movimientos, logrando decir lo justo sin cansar a los presentes y a los televidentes.

Hubo, además, un cambio en los esquemas de presentaciones de los candidatos. Si bien hubo varios casos en los cuales una pareja, hombre y mujer, se encargaba de anunciar a los nominados, se tuvo la inteligencia, en repetidas ocasiones, de reunir cinco o seis estrellas ya ganadoras del premio para que juntos hablasen de los postulados con mucha espontaneidad, lo que fue un placer digno de aquel público que reconoce a sus figuras que han admirado en sus ficciones.

Otro repunte se tuvo en la vuelta a las coreografías que acompañaron ajustadamente a una buena mezcla de montaje con los nuevos títulos y aquellos otros que desde hace años han sido parte de la magia hollywoodense, con sorpresas de encontrarse nuevamente con aquellos de épocas doradas.

O el homenaje a los ídolos desaparecidos en el 2008, que fue acompañado por una canción por la bien conocida Queen Latifah, esa enorme voz que quebró la solemnidad del recuerdo para darle el sostén del sentimiento. Tramo este, que además, tuvo como cierre una serie de tomas de Paul Newman, uno de los más grandes actores desde hacía por lo menos medio siglo.

Los resultados y su justicia es cuestión de los críticos especializados aunque ya casi todos acertaron en el acopio de Oscar que hizo «Quien quiere ser millonario» y en Sean Penn como mejor actor.

Corresponde congratularse con el esfuerzo de Teledoce. Presentó toda la ceremonia sin perderse nada, llegando a cortar comerciales publicitarios para estar en el momento.

Además contó con una pareja de conductores que cumplieron con creces el cometido, no solo de traducir lo que ya se sabía que iban a decir ­prácticamente todo está preguionado­ aunque los saludos suelen ser escapes para los triunfadores y descoloque de los traductores. Esto, sin embargo, también había sido previsto por la gente del 12.

Mientras Cristian Font, responsable ahora de «espectáculos» en ese canal, supo ubicarnos muy bien en detalles que sumaban datos sobre los postulados y aquellos ganadores, en similar aceptación se tuvo a Victoria Rodríguez, para quien ya es común el elogio. Para las situaciones que escapaban de lo previsible contaron con Virginia Issaris, que fue la responsable de la traducción menos formal, más inesperada.

En un verano aburrido, siempre es bueno dejarse llevar por la irrealidad que se vive en ese mundo del cine. Si continúan con el australiano Jackman como presentador es posible que la ceremonia retome su vieja audiencia. Aunque muchos seguirán extrañando a Bob Hope, pero, en realidad, cada vez, quedan menos ancianos que sepan quién era.

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