Oscar Niemeyer en el Parque Rodó
De la misma manera que el realizador cinematográfico portugués Manuel de Oliveira, el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer ya pasó los cien años, con lucidez y en plena labor creadora. Son casos excepcionales de admirable longevidad.
El año pasado se celebró el aniversario de Niemeyer en numerosos países. Es mejor difundir su obra a través de exposiciones y registros videográficos. Una de ellas tiene la originalidad de estar en paneles fotográficos al aire libre, una modalidad que arraigó en Montevideo, luego de la exitosa experiencia en la rambla de Pocitos donde actualmente se exhibe Imágenes del Louvre. La obra del arquitecto Niemeyer está localizada en el Parque Rodó, cerca de la Casa de Andalucía y el Casino del Parque Hotel. Aunque cuenta con importantes apoyos institucionales, buena parte de la organización corresponde al Museo Niemeyer de Curitiba, la Facultad de Arquitectura, la IMM y al Centro Municipal de Fotografía, dinámico centro con prestigio en su corta trayectoria. A diferencia de Imágenes del Louvre, una empresa cuidadosamente pensada, con importantes recursos económicos y un equipo profesional de alto nivel, con clara orientación docente, los paneles de la exposición Niemeyer son más modestos, aunque funcionales y bien resueltos, pero faltaron textos breves, explicativos de cada edificio y una lectura de la totalidad de la obra de uno de los referentes históricos de la arquitectura moderna en América Latina, artífice, junto al urbanista Lucio Costa, de Brasilia. Tampoco hay cuidadores ni folletos que permitan un acercamiento al gran público, el destinatario de Fotografía a cielo abierto. Es una lástima no haber aprovechado la oportunidad única de atrapar a la población en la comprensión de un arte que, a pesar de vivir en él, escapa a su comprensión.
Niemeyer, formado en Brasil, aceptó la influencia de Le Corbusier (ambos hicieron juntos el edificio para la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, 1952), pero adquirió una personalidad propia, ya definida en una de sus primeras obras, la iglesia de Pampulha en Belo Horizonte en 1943, con decoración del pintor Portinari, para seguir con el Pabellón de la Bienal de San Pablo en 1952, los edificios gubernamentales de Brasilia, 1958 y la Catedral 1960, los sambódromos de Río de Janeiro, 1984, y San Pablo, 1991, el Memorial de América Latina en San Pablo, 1983, el Museo de Arte Contemporáneo en Niteroi, 1996, y lo que muchos consideran su mejor obra, la sede del partido comunista en París, en su exilio de los años sesenta. Una arquitectura elegante, no siempre adecuada a la función, solicitada por varios países del mundo (recientemente en Rosario, Argentina). Niemeyer recibió las principales distinciones que puede desear un arquitecto, entre otras innumerables: Premio Pritzker, considerado el Nobel de arquitectura, 1987, el Premio Príncipe de Asturias, 1989, León de Oro en la Bienal de Venecia, 1996.
Compartí tu opinión con toda la comunidad