Reeditan disco de Baker
Baker, nacido en Oklahoma en diciembre de 1929, tenía veintidós años cuando se hizo famoso en Los Angeles integrando el célebre «pianoless quartet» (cuarteto sin piano) del saxo barítono Gerry Mulligan.
Cuenta una difundida anécdota que el genial Charlie Parker, al escucharlo personalmente durante una gira por la costa oeste de Estados Unidos, le mandó un aviso a Miles Davis alertando a éste que «hay un chico blanco que te está pisando los talones».
Davis acababa de crear el «cool jazz» y, en la región californiana, los músicos blancos adoptaron encantados ese estilo.
Era una modalidad introspectiva, cerebral, que mantenía a raya las efusiones del virulento bebop y prefería la moderación en el sonido instrumental, el cuidado en la belleza armónica de los arreglos y la apacible flexibilidad de los ritmos.
El estilo le vino a Baker como anillo al dedo.
El fraseo de su trompeta, aunque tenía cierta rugosidad, limó mucho de las asperezas extravertidas de los jazzistas negros, eliminó vibratos, su ataque se volvió más suave y sus solos se volvieron tan melódicos y sensibles que más de un crítico los tildó de «femeninos».
Apenas un año duró la exitosa asociación con Gerry Mulligan, porque Chet decidió abrirse camino por cuenta propia.
El CD comienza con tres interpretaciones de diciembre de 1953 y febrero de 1954, en los que el trompetista improvisa fluidamente, en compañía de buenos amigos como los saxofonistas Zoot Sims y Bud Shank y el baterista Shelly Manne.
Las tres siguientes fueron registradas en Roma el 5 de enero de 1962, junto con excelentes músicos como los belgas Bobby Jaspar y Rene Thomas, el francés Benoit Quersin y el suizo Daniel Humair.
Jaspar exhibe su onda estilo Dexter Gordon y la delicada guitarra de Thomas recuerda a Jimmy Raney.
Baker derrocha sentimiento en la balada «These foolish things» y swinguea a gusto en el movido «Blues in the closet».
«Autumn leaves», de julio de 1974, es la gran orquesta y, además de la trompeta, se luce el terso sonido del saxo alto de Paul Desmond.
Los tres últimos tracks fueron grabados en vivo cuatro meses después, en el Carnegie Hall de New York, en ocasión de reunirse un septeto con Chet Baker y Gerry Mulligan, juntos una vez más.
Los títulos elegidos rememoraron los éxitos de 1952. «Bernie’s tune» contiene un hermoso solo de guitarra de John Scofield, quien a punto de cumplir veintitrés años ya se perfilaba como un solista maduro y con buenas ideas. «Line for Lyons» termina con el depurado «dixieland moderno» que acostumbraban Baker y Mulligan para lucir el contrapunto de sus instrumentos.
Y «My funny Valentine» es el clásico standard que ambos tocaron decenas de veces a lo largo de sus carreras y que aquí vuelve a ser ovacionado por el público.
Es una lástima que tan atractivo material musical no haya merecido un cuidado adecuado en la lámina que acompaña al CD.
Las notas del crítico Brian Priestley son provechosas, pero alguien tendría que haber revisado con atención los detalles discográficos.
Por lo pronto, no se especifican las fechas ni los lugares donde se realizaron las grabaciones.
En ninguno de los tres primeros tracks toca Jack Montrose, como se indica. Bud Shank tampoco toca en «A little duet».
En «Autumn leaves» falta agregar a Hubert Laws (flauta) y Chet no hace ningún «vocal».
En «My funny Valentine» se olvidaron nada menos que de anotar a Mulligan. Además la foto de carátula está invertida: Baker no era zurdo.
Y un disparate mayúsculo: en «What a difference a day made» se lee textual: «Drums, Violin, Viola, Cello: Shelly Manne».
Es cierto que hay un pequeño conjunto de cuerdas en ese tema, pero conviene dejar a Shelly Manne percutiendo solamente su «drums», que es lo que supo hacer en forma superlativa durante toda su vida.
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