Aniversario. Un intelectual de fuste, comprometido con su tiempo

Entre cronopios y famas, hace 25 años fallecía Julio Cortázar

En varias partes del mundo se realizan hoy homenajes al reconocido intelectual nacido en la embajada argentina de Bruselas (Bélgica) el 14 de agosto de 1914 y muerto en París, la ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida, setenta años después. Vale recordar que en 1981 se nacionalizó francés, como protesta ante la toma del poder de las diferentes juntas militares en Argentina.

Además de su extensa e intensa producción literaria, Cortázar trabajó como traductor de idiomas de la Unesco, labor que desempeñó hasta su jubilación. Un rasgo importante de su vida es que a raíz de un viaje que realizó a Cuba, invitado por Fidel Castro, se convirtió en gran defensor y divulgador de la causa revolucionaria cubana, como años más tarde lo hizo con la Nicaragua sandinista. Mantuvo, a lo largo de su vida, un compromiso político activo, sobre todo en defensa de los derechos humanos. Formó parte del Tribunal Russell II que, en 1973, juzgó en Roma los crímenes llevados a cabo por las dictaduras latinoamericanas. Resultado de esta actividad fue su libro «Dossier Chile: el libro negro».

Viajero impenitente e intelectual abierto, fue uno de los protagonistas del boom de la literatura latinoamericana. Esos escritores consiguieron, a través de sus encuentros literarios y conferencias en diversos foros tanto de Estados Unidos como de Europa, establecer relaciones con editoriales, sus colaboraciones con la prensa europea, un reconocimiento internacional para su obra, que, sin renunciar a sus raíces culturales, se universalizó tanto en temas como en estilos.

Así, lo que empezó siendo un lanzamiento editorial de una nueva narrativa se convirtió en una presencia renovadora constante de la literatura debido, por supuesto, a la calidad de las obras. Gran parte de su obra constituye un retrato, en clave surrealista, del mundo exterior, al que considera como un laberinto fantasmal del que el ser humano ha de intentar escapar. Una de sus primeras obras, «Los reyes» (1949), es un poema en prosa centrado en la leyenda del Minotauro.

El tema del laberinto reaparece en «Los premios» (1960), una novela que gira alrededor del crucero que gana un grupo de jugadores en un sorteo y que se va convirtiendo a lo largo del relato en una auténtica pesadilla.

El Cortázar de los cuentos ha creado escuela por sus propuestas sorprendentes, su aprovechamiento de los recursos del lenguaje coloquial y sus atmósferas fantásticas e inquietantes, que pueden emparentarse con las de los relatos de su compatriota Jorge Luis Borges.

El ritmo del lenguaje recuerda constantemente la oralidad y, por lo tanto, el origen del cuento: leídos en voz alta cobran otro significado.

Lo curioso de estos relatos es que el lector siempre queda atrapado, a pesar de la alteración de la sintaxis, de la disolución de la realidad, de lo insólito, del humor o del misterio, y reconstruye o interioriza la historia como algo verosímil. Entre las colecciones de cuentos más conocidas se encuentran «Bestiario» (1951) y «Las armas secretas» (1959).

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje