Arte

El Museo del Louvre en Montevideo

Las reproducciones de arte forman parte del panorama cultural mundial y el espectacular avance de la tecnología ha permitido obtener resultados asombrosos, potenciados recientemente hasta lo admirable.

Escrito por: Nelson Di Maggio |

Lunes 09 de febrero de 2009 | 6:06
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Desde la Rambla República del Perú, entre Av. Brasil y Miguel Barreiro, los montevideanos podrán observar, a partir del miércoles, Imágenes del Louvre: seis siglos de pintura europea. Son 122 reproducciones de tamaño natural de cuadros del Museo del Louvre con registro de alta definición, impresas en material de calidad y montadas en los paneles de la anterior muestra exitosa en el mismo lugar. En el papel inicial, Henri Loyrette, presidente -director general del Louvre, le atribuye la iniciativa al embajador de su país en Uruguay de traer la muestra a Montevideo con algunas adaptaciones y Marie-Catherine Sahut, conservadora de la famosa pinacoteca, aclara que la muestra “es el resultado de una campaña fotográfica realizada por el Louvre en 2007 para la República Dominicana, que inaugura así un nuevo concepto de exposición al aire libre, respondiendo precisamente a su misión de enseñanza y de democratización del arte”.

Con acierto, Loyrette afirma que la fotografía (en traducción otra vez poco feliz) no reemplaza al de la propia obra y recuerda la idea de Walter Benjamin sobre la pérdida del aura de los originales en la era de la reproducción mecánica y de su vulgarización comercial, considerando, por el contrario, que puede ser un atractivo más para visitar el Louvre. Claro, para aquella minoría que aún puede viajar en medio de una crisis galopante. En la actualidad, con los notables y asombrosos recursos empleados en Internet para divulgar las obras maestras del Museo del Prado, por ejemplo, que impactaron hasta los más exigentes especialistas, cualquier reproducción parece jurásica.

Sin embargo, exhibir las reproducciones en el mismo tamaño original y al aire libre, supone un importante ejercicio de difusión popular con el agregado de un inteligente montaje que brinda una fácil lectura en comentarios breves y suficientes en su ubicación histórica.

Imágenes del Louvre recorre un panorama de la pintura occidental desde el siglo XIII hasta la mitad del siglo XIX, incorporando, al mismo tiempo, los sucesivos movimientos estéticos: el Medioevo, Renacimiento, Manierismo, Barroco, Rococó, Neoclasicismo, Romanticismo, Orientalismo y la Escuela de Barbizón, excluyendo los movimientos posteriores surgidos con el Impresionismo por encontrarse en los museos de Orsay y el Centro Pompidou.

La muestra adoptó un orden cronológico, sin distinción de Escuelas, como el propio ordenamiento actual del Louvre. No obstante, cada Escuela aparece identificada en el panel con un color propio que figura en la parte superior de los textos informativos (azul para la Escuela Francesa, rojo para la Escuela Italiana, etc.). Los cuadros fueron reproducidos con marco en su tamaño original y cuando el formato excede el de la hoja de impresión (1.25 x 1.85 cm) se presenta un detalle significativo de la obra acompañada por la imagen completa y más pequeña en el panel informativo, según explica la conservadora Sahut.

El paseante veraniego verá desfilar a Giotto, Fra Angélico, Botticelli, Paolo Ucello, Leonardo y La Gioconda (el cuadro más célebre del museo y de menos visibilidad desde su caja blindada y la legión de turistas más empeñada en sacar fotografías que de acercarse a la obra), Cranach, El Bosco, El Greco, Mantegna, Rafael, Tiziano, El Veronés, Rembrandt, Vermeer, Zurbarán, Murillo, Frans Hals, Georges de la Tour, Velázquez, Rubens, Van Eyck, Canaletto, David, Proudhon, Turner, Delacroix, Corot, entre otros, con obras conocidas en revistas, video, televisión, avisos y logos comerciales.

Paralelamente, la exhibición contará con mediadores, jóvenes preparados para dialogar con el público y ofrecer más detalles, actuando los viernes, sábados y domingos de 19.00 a 22.00. A partir de marzo y el comienzo de las clases, se podrá agendar visitas de lunes a viernes en horario matutino y vespertino comunicándose telefónicamente con la embajada de Francia.

 

El Louvre en la historia

El nombre del Louvre evoca al lobo o los lobos, como los nombres de varios lugares de Francia en Eure (Louviers), Calvados (Louvières) y particularmente en Yvelines (Louvres), las tres aproximaciones al latín luparia, es decir, el lugar habitado por lobos, el área que hoy ocupa el museo. Para otros, el nombre proviene del inglés lower, que significa torre, fortaleza. Hay más versiones.

El Louvre no es solamente un megamuseo visitado anualmente por 9 millones de personas. Es el palacio museo más hermoso del mundo, donde se acumulan obras maestras del arte de todos los tiempos. Por sus salas y paredes transcurre su historia que se confunde con la historia de Francia.

Fortaleza primero en el siglo XII, pasó a residencia palaciega en los siguientes, sede del Comité de Salud Pública Revolucionario, habitación para artistas y de sus talleres, lugar de duelo, de casamiento (el segundo de Napoleón), escenario (Molière estrenó sus obras) y finalmente, por decreto de los revolucionarios de 1789, museo público, en un acto de democratización cultural.

Las colecciones se hicieron lentamente. Reyes y aristócratas fueron los principales proveedores, como detentores del poder y del arte. Pero también la rapacidad de las campañas guerreras, particularmente las de Napoleón, enriquecieron el patrimonio. Muchas piezas tuvieron que ser devueltas. Otras quedaron.

Al principio las visitas eran limitadas a un par de días en la semana y para artistas. Luego se amplió al público y, con la aparición de la electricidad, se alargó el horario hasta tener, en la actualidad, prolongamientos nocturnos. Durante ocho siglos se introdujeron modificaciones: proyectos felices (Lescott,Visconti, Perrault, responsable de la más hermosa columnata del mundo) e infelices (el pastiche de Lefuel). También se desecharon otros (entre ellos, el de Bernini).

Con el arquitecto sino-estadounidense, Ieoh Ming Pei el Louvre recuperó la vitalidad perdida. Otros arquitectos contribuyeron a la renovación: Jean- Michel Wilmotte, Richard Peduzzi, Pierre Macary, Italo Rota y Philippe Starck. En una década pasó de 3 a 5 millones de visitantes. En la actualidad trepa a 9 millones, una vez asimilado el proyecto vanguardista y la audacia innovadora al permitir el rápido acceso a un museo equipado con todos los adelantos científicos imaginables, incluido un parque de estacionamiento subterráneo para 600 automóviles y 80 ómnibus turísticos. Entre las exposiciones temporarias se recuerdan Copiar, cear, y Poseer y destruir, que marcaron rumbos en la comprensión de las obras y los artistas.

Si se piensa en la magnitud de la empresa que ocasionó innumerables polémicas (como en su época el Centro Pompidou), e interminables incomodidades al público, el proyecto Gran Louvre se concretó en un plazo relativamente breve, apenas 15 años. Para celebrar, gloriosamente, el bicentenario de su fundación en 1993.

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