EL PEOR ESTIGMA DE LA POSMODERNIDAD

Si bien antiguamente las ciudades fueron creadas por el hombre como espacios seguros y fortificados que permitieran defenderse de las agresiones externas y de los rigores del clima, con el correr de los siglos, estas se han transformado en lugares inseguros y estresantes, donde la masificación y la despersonalización agobian y alienan cada vez más a sus habitantes.

Cada época, por sus características, genera o potencia determinadas patologías, cuya extrema gravedad suele desdibujarse bajo la fachada de meras tendencias sociales.

Una de las epidemias más terribles de la era contemporánea es, sin dudas, la crisis o ataque de pánico. Si bien esta enfermedad puede verificarse en ambientes abiertos, en zonas suburbanas o rurales, es más característica de las áreas urbanas altamente pobladas, cuyo vertiginoso ritmo suele provocar cuadros de angustia, ansiedad y desasosiego.

Si bien abundan los manuales de autoayuda que abordan las causas y consecuencias de esta patología mediante una mirada epidérmica y sin rigor científico o académico, es harto difícil conseguir material escrito que esté dotado de un enfoque rigurosamente profesional.

Por tal motivo, «Crisis de pánico», de la psicóloga uruguaya Susana Acquarone, es una invaluable oportunidad de acceder a un aporte indispensable, por su seriedad y su completo análisis de este padecimiento típico de nuestro tiempo.

En esta obra, la facultativa nos explica que el enfermo que sufre episodios de pánico se siente súbitamente aterrorizado, sin una razón evidente para él mismo o para los demás.

Durante el ataque de pánico, se producen síntomas físicos muy intensos, como taquicardia, dificultad para respirar, hiperventilación pulmonar, temblores o mareos. Estas crisis pueden ocurrir en cualquier momento o lugar, sin previo aviso.

La masificación, el vértigo de la vida en las grandes ciudades, la sensación de inseguridad ante un ataque, ya sea un accidente, un robo u otros incidentes, el tránsito, el paulatino desuso en que han caído ciertas normas de educación que solían regular la convivencia dentro del entramado urbano y la contaminación sonora, son elementos que contribuyen a acrecentar las posibilidades de padecer esta enfermedad.

La aparición de estos episodios de miedo intenso es generalmente abrupta y suele no tener un claro factor desencadenante.

Los ataques de pánico se manifiestan como episodios que irrumpen inesperadamente, sin causa aparente y son acompañados por síntomas asociados al miedo, como hipertensión arterial, taquicardia, dificultad respiratoria, mareos e inestabilidad, sudoración, vómitos o náuseas.

Generalmente, los cuadros están asociados a una extrañeza del yo, junto a una percepción de irrealidad y de no reconocimiento del entorno.

Mediante un lenguaje claro y accesible, la especialista elabora una guía que contempla todos los casos, ayuda a un autodiagnóstico previo, recomienda posibles soluciones y se transforma en un invalorable complemento del proceso terapéutico.

(Editorial Sudamericana)

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