Gran orquesta. Un CD recorre más de tres décadas en la carrera de Duke Ellington

"Nada significa si no tiene swing"

«Duke toca el piano, pero su verdadero instrumento es la orquesta», se repitió en varias ocasiones. Y esa orquesta se mantuvo fiel al director durante varias décadas y con escasas variantes en su personal, logrando que Ellington pudiera afirmar con coherencia su genio musical y su particular estilo creador.

Lo primero que hay que destacar en esta selección es que nueve tracks pertenecen a los gloriosos años que van de 1927 a 1938, cuando Duke fue la estrella del Cotton Club en Harlem y su orquesta grabó obras inolvidables como «Creole love call» (26-10-1927), «Rockin’ in rhythm» (8-11-1930), «It don’t mean a thing if it ain’t got that swing» (2-2-1932), «Sophisticated lady» (15-2-1933), «In a sentimental mood» (30-4-1935), «Caravan» (14-5-1937), «Diminuendo in blue» y «Crescendo in blue» (ambas del 20-9-1937) y «I let a song go out of my heart» (3-3-1938).

En ellas son admirables las presencias de la cantante Ivie Anderson, el trompetista Cootie Williams, los trombonistas Joe Nanton y Lawrence Brown, el clarinetista Barney Bigard, el saxo alto Johnny Hodges, el saxo barítono Harry Carney y el cornetista Rex Stewart

Entre paréntesis anotamos las fechas de grabación, porque la lámina que acompaña esta edición no las indica. Es valiosa la nota de Brian Priestley, pero los datos discográficos parecen haber sido pergeñados con la intención de ahorrar papel y obligar al lector a usar una lupa. Es muy incómodo buscar qué músicos tocan en cada versión, si éstos son ubicados con los números de los respectivos tracks.

De los tracks números 1 («Take the A train», 28-6-1960), 4 («The mooche», 10-8-1952), 13 («I’m beginning to see the light», 31-5-1960) y 14 («Mood indigo», 15-7-1960) se señala que Ellington es el pianista y de los demás instrumentistas no hay noticias. No figura el nombre de Mahalia Jackson, cuya emocionante voz canta «Come Sunday» (Los Angeles, 5-2-1958). Para no alargar la lista de omisiones, mencionemos solamente esta joya textual: «Bass 9: Barney Bigard, Johnny Hodges, Harry Carney». Ninguno de los tres tocó jamás el contrabajo. En el tema 9 «I let a song go out of my heart» los ejecutantes de dicho instrumento son Billy Taylor y Hayes Alvis.

Hodges se luce además en «Jeep´s blues» (7-7-1956), grabado en vivo en el Festival de Jazz de Newport. El llamativo piano de Duke, que tiene una larga y movida introducción en «Take the A train», es también centro de atención en «Satin doll» (6-4-1953).

La paleta ellingtoniana contenida en este CD es gozosa y se escucha con deleite. El «jungle style» de la primera época del Cotton Club, los poderosos contrastes tímbricos y el clima armónico de los ’30, el marcado ritmo bailable y el éxito comercial que impuso el Período Swing, la modernización de los arreglos y las nuevas armonizaciones posteriores, mostraron al gran maestro siempre atento a la evolución de las corrientes musicales, pero enraizado en el clasicismo del jazz.

Su prolongada trayectoria tuvo altibajos y no toda su producción se puede considerar impecable. Pero hay decenas de discos -en especial aquellos que no sobrepasaban los tres minutos de duración de los viejos «78 RPM»- que bien merecen el calificativo de obras maestras.

Algunas de ellas están incluidas en este CD, como «It don’t mean a thing if it ain’t got that swing» (nada significa si no tiene swing), que fue su manifiesto estético y la filosofía jazzística que supo enseñar a los fieles y brillantes músicos de su orquesta. Tuvo sus buenas razones Miles Davis cuando insistió que algún día todos los músicos deberían arrodillarse y dar gracias a Duke Ellington.

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