Candidata. La producción se postula a trece premios Oscar

El curioso caso de Fincher

El resultado es un producto sugestivo, de gran vigor visual, pero enredado en sus propias pretensiones, las mismas que probablemente le hagan ganar más de un Oscar.

Una de las primeras frases del cuento (y de la película) es «he nacido en circunstancias inusuales» y lo cierto es que esas líneas pueden sintetizar todo el resto, porque lo raro es lo que sobra en «El curioso caso de Benjamin Button». Primero porque este cuento está casi perdido en la obra del gigantesco Fitzgerald, uno de los tótems intocables de la literatura estadounidense, fue escrito en 1922, cuando el país reverdecía por todas partes, y ese autor era un milimétrico observador de ambientes fastuosos y comportamientos de gente bien linda y adinerada. Luego vendría la debacle de 1929, pero esa es otra historia.

Lo otro tiene que ver con cómo surgió la idea. Cuentan que a Fitzgerald se le ocurrió cuando el siempre ácido Mark Twain le comentó que «sería fabuloso nacer con 80 años y pudiéramos acercarnos al vigor de los 18″. El asunto es que la obra fue incluida en el libro «Cuentos de la edad de jazz» y siempre fue considerado como un imposible al momento de ser llevado al cine. Eso sólo se logró cuando la tecnología lo permitió y el capricho del director David Fincher se hizo realidad. Tomó la historia, le hizo algunos cambios: en el texto original la acción transcurría en Baltimore en la segunda mitad del siglo XIX; en la película, el niño-viejo nace el día en que termina la primera guerra mundial (1918) y transcurre en Nueva Orléans, camina todo el siglo XX hasta llegar casi hasta nuestros días con el huracán Katrina, ese que terminó sepultando a esa ciudad mientras un reciente ex presidente no se daba por enterado. Libre interpretación, que le dicen.

Envuelto en una sugestiva atmósfera, Fincher nos presenta a Thomas Button (Jason Flemyng), un próspero hombre que se para ante una terrible realidad: acaba de ser padre, pero la madre del niño muere en el parto y para colmo, el aspecto de éste es el de un anciano. Horrorizado, corre con él en brazos, piensa en tirarlo al río y termina depositándolo en las escaleras de un hogar para ancianos junto a dieciocho dólares y un pañal.

La criatura es recogida por la encargada del lugar, que naturalmente es negra y se llama Queenie (Taraji Henson).

Esta mujer, de gran corazón y generosidad, lo cría y el niño con aspecto avejentado va rejuveneciendo mientras ve morir a sus compañeros de estadía. 8 años después, conoce a una niña de inimaginable belleza de la cual se enamora; esa niña termina teniendo el rostro de Cate Blanchett.

Benjamin, de a poco, va dejando adivinar el perfil de Brad Pitt (viejo conocido de Fincher desde la época de «El club de la pelea» y «Seven») y se transforma en un hombre de mundo. Se hace a la mar, conoce tierras lejanas, tiene algún romance esporádico con una señora mayor (Tilda Swinton), todo esto contado por un diario personal que desnuda verdades insospechadas.

Luego, Benjamin regresa, pero nada es igual, él no es igual y el amor que creía tener también es diferente. Los mejores momentos de la película transcurren hasta ahí, donde el autor de «Alien 3″ y «Zodíaco» (además de las ya mencionadas) deja suelta su imaginación y capacidad para componer un relato sólido, visualmente hipnótico y emocionante, hasta derrapar en terrenos más previsibles como la historia de amor imposible, la pérdida de la fe y golpes bajos innecesarios.

A todo esto, Blanchett cumple con lo suyo como la gran actriz que es, al tiempo que Pitt no alcanza jamás el espesor dramático que debiera tener. No está a la altura de una historia gigantesca y desmesurada y no es capaz de sobrellevar el extenso metraje ­más de dos horas y media­ con convicción.

Además, se ha dicho con razón que este Benjamin Button se parece mucho, demasiado, a Forrest Gump y quizá el responsable sea el guionista de ambas, Eric Roth, que no se esfuerza demasiado en separarlas y deja que la última parte de la película se hunda como la propia ciudad en la cual transcurre la historia.

De cara a los Oscar, «El curioso caso de Benjamín Button» tiene trece nominaciones y algunas se va a llevar. La apuesta está servida.

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