La hora del Mercocine
El público se agolpó, el domingo a la noche, en la Sala Cantegril para asistir a la inauguración oficial del Segundo Festival de Cine del Mercosur (Mercocine), donde altas autoridades nacionales y departamentales y miembros de la organización refirieron al proyecto cultural en curso.
Dos horas antes, en el primer pase del Mercocine, se había exhibido una rareza pero muy celebrada, en métrica de documental, del brillante cineasta alemán Wim Wenders: Buena Vista Social Club, un largometraje pleno de regocijo que tuvo la apoyatura del formidable guitarrista Ry Cooder en torno a músicos cubanos y la idiosincrasia cubana.
Cooder, quien ha colaborado con Wenders en filmes mayores como París-Texas y The end of the violence, fue quien convenció hacia 1997 al autor alemán para rodar este documental de inocultable densidad poética en la sucesión de imágenes rodadas: el contraste urbano de sitios de La Habana con el swing de estos músicos veteranos que agitan, hace temblar la pantalla con un swing realmente impresionante.
Todo funciona en Buena Vista Social Club: la deliberada distracción de la cámara de Wenders tomando polaroids de La Habana (un teatro Karl Marx al que le falta una erre; esos flancos de lo urbano que adquieren en su aparente vetustez una idea de cómo y por qué Cuba, su ser y estar, sus formas de discurso) y el concierto de los Buena Vista Social Club: músicos de larga trayectoria y que a sus ya buenos anos logran para el filme una verdadera fiesta para los sentidos con todo lo que pueden proponer las variaciones de estilo de música cubana.
Personajes como Compay Segundo –quien vino a actuar a Buenos Aires el pasado ano–, toda una leyenda, y también Ibrahim Ferrer, el notable pianista Rubén González, Omara Portuondo (única mujer de la banda), Cachaito, Manuel Guajiro Vázquez, Pío Leyva, entre otros. Wenders, pues, en esta sorpresa incial del Mercocine, despliega toda su maestría con el respaldo de otros de los grandes de todos los tiempos: el guitarrista, finísimo guitarrista Ry Cooder.
Por cierto que, más tarde, ser realizaron los actos protocolares dentro de la Sala Cantegril. Tanto el intendente de Maldonado, Camilo Tortorella, como el ministro Stern refirieron a las trascendencia cultural del Mercocine. Aunque las palabras más ajustadas fueron, precisamente, del director de Cinemateca Uruguaya, Manuel Martínez Carril, quien manifestó: «El Mercocine se trata de un proyecto que se plantea, en su objetivo esencial, un punto de encuentro y la apertura al conocimiento –dentro del ámbito cultural y cinematográfico– de nosotros mismos».
Desde ese lugar, Martínez Carril confió que el festival cinematográfico es asimismo «un espacio de exhibición de películas de la región de América Latina que son realmente interesantes y que de algún modo vienen a ser como senas de identidad de lo que somos o pretendemos ser como individuos vinculados a la cultura artística en este lugar del mundo».
O sea que «se producirá en el Mercocine no solamente promoción, sino además un acercamiento entre productores, distribuidores y artistas invitados y el llamado efecto espejo que promueve de por sí este encuentro tan importante para la vida cultural». La primera jornada culminó con la proyección del filme argentino Garage Olimpo, de Marco Bechis, con Antonella Costa, Carlos Echeverría y Enrique Pineyro; se propone un regreso al pasado inmediato. La mirada histórica en torno a la dictadura militar. Tensa, dramática, con secuencias fortísimas y de ambientación sofocante, el horror de la tortura sucede sobre una maestra militante de los anos setenta que termina siendo secuestrada y del país de las maravillas transcurre al infierno temido.
Un buen intento el de Garage Olimpo con un tema candente que llama a tener memoria y conciencia ética sobre temas tan dolorosos no solamente para los argentinos.
El lunes se proyectaron la argentina El mismo amor, la misma lluvia, de Juan José Campanella, y la brasilena No coraçao dos deuses, de Geraldo Moraes.
Al cierre de estas líneas, se producía el esperado homenaje a Antonio Taco Larreta. Todo un tributo a una trayectoria intelectual inexcusable y luminosa y por cierto a un creador tanto en el universo de la dramaturgia, del teatro, del cine y de la literatura (recuérdese que ganó el Premio Planeta con el texto Volavérunt), además de ser un espléndido actor. Un itinerario realmente riguroso y creativo: el homenaje asoma como muy merecido.
También se homenajeó en la jornada de ayer a la actriz China Zorrilla: su trayectoria teatral y cinematográfica, sus exquisitas incursiones en la televisión la han confirmado como una de las personalidades contundentes de la cultura uruguaya y rioplatense. Justicia para una mujer que se ha jugado al todo o nada por ese momento único, imperecedero de la actuación sobre las tablas. Todo muy emotivo.
En cuanto a la proyección de filmes, entre los homenajes antedichos, se proyectó el filme argentino de Tristán Bauer, Borges, los libros y la noche. Un homenaje a uno de los escritores fundamentales del siglo XX, de un realizador que se inició rodando la fortísima Después de la tormenta y el impecable documental dedicado a la vida de ese memorable novelista y cuentista, cronopio al pie, que fuese Julio Cortázar en un documental denominado Cortázar y que ya se pudo ver por aquí en una de las ediciones de la Feria del Libro al momento de cumplirse los diez anos de la muerte del autor de Rayuela.
Borges, los libros y la noche transcurre de la cronología biográfica a la propia escenificación de momentos borgeanos con la participación de un elenco más importante donde aparecen figuras de la talla de Walter Santa Ana, Héctor Alterio, Lorenzo Quinteros y Leonardo Sbaraglia.
También se exhibió el filme Orfeu, de Carlos Diegues, con Tony Garrido y Patricia Franca, una historia de amor entre un sambista y Eurídice en una adapatación libre de la pieza Orfeo Negro de Vinicius de Moraes. Hoy el programa del Mercocine prevé la exhibición del filme brasileno La hora mágica, de Guilherme de Almeida Prado, con Julia Lemmertz y Maite Proença que se apoya en el relato «Cambio de luces», de Julio Cortázar: en un intento que llegó a buena resolución y que merece verse.
El Mercocine está en marcha buscando consolidar un perfil de diseno y desarrollo y buscando un despegue definitivo con ese listado de filmes que hablan nuestro lenguaje y exponen nuestras problemáticas.
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