Meritoria. Una cinta que logra captar la esencia del líder revolucionario

Che, el Argentino, de Steven Soderbergh

Los ejemplos fallidos en la historia del cine sobran, por eso, «Che, el argentino», dirigida con solvencia por el estadounidense Steven Soderbergh no deja de ser una rara avis en los tiempos que corren.

Claro, una visión del revolucionario argentino hecha desde el corazón de Hollywood despertará odios y adhesiones casi por igual, pero lo importante, la película, sale bien parada más allá de sus intentos de ser amable, muy por encima de sus aberrantes predecesoras.

Tipo extraño Soderbergh. Tiene a sus pies a toda la industria después de «oscarizarse» con «Traffic» y de hacer otras películas «bienpensantes» como «Erin Brockovich», curiosidades como «Kafka» o «Solaris» o pequeñas joyitas como «Sexo, mentiras y videos» e incluso divertimentos puros como «Ocean’s eleven», ganándose un lugar en esta intrincada maquinaria y sobre todo, contar con la bendición de buena parte de la crítica, productores y público. La pregunta es: ¿Qué le llevó a interesarse en la épica y mítica figura de el «Che», ese personaje con vida propia que está en millones de camisetas y conciencias a lo largo y ancho del mundo? Sea cual sea la respuesta, el asunto es que la idea era todo un desafío, mas si se tiene en cuenta las anteriores intentos (como esa delictiva versión protagonizada por Jack Palance y Omar Shariff), el hecho de que la película es rodada en español, con los consiguientes problemas para su distribución en Estados Unidos y además, el metraje es de más de cuatro horas, dividida en dos filmes, la próxima será «Che: Guerrilla», a estrenarse en los próximos meses.

Pero había otros retos para el director, como lo era lograr un relato sólido y veraz, apasionado pero neutral. Y es lo que logra. Suaviza, es cierto, la dimensión extraordinaria del Che personaje, pero humaniza al Che de carne y hueso, desmitificándolo con pulso clínico, para algunos frío, pero quizá no exista otra forma de abordarlo.

Lo otro era encontrar un actor que se pusiera esa barba y esa boina y el elegido no fue otro que uno de sus amigotes, el puertorriqueño Benicio Del Toro, formidable actor que puede llenar una pantalla por sí solo y se tropezó con el papel de su vida.

La película está basada en las propias memorias de Guevara y nos lo presenta haciendo historia mientras al dictador Fulgencio Batista se le terminaba la fiesta pagada por sus amigos mafiosos y de la CIA.

La cinta arranca en julio de 1955 cuando el médico argentino conoce en México a un grupo de cubanos exiliados, entre los que se encontraban unos hermanos de apellido Castro. Luego llega la tragedia del Granma y el establecimiento de la lucha en la selva. Los barbudos y la cámara llegan a Sierra Maestra.

Luego el filme nos muestra a un Che curioso primero, hasta transformarse en un ser exultante, con voz de mando, que hipnotizaba a las multitudes, ya fuera en las sierras o en las Naciones Unidas. Y a pesar de aparente distancia, la película logra desarticular la compleja personalidad del guerrillero y también la de Fidel Castro (Damián Bichir), logrando una descripción certera de una época que cambiaría la forma de concebir a la humanidad. También logra mantener la tensión durante dos horas y media mientras que Soderbergh sin correr mayores riesgos alcanza buenos momentos de cine y no se permite imperfecciones de ningún tipo.

La segunda parte a estrenar acompaña el periplo de Guevara en su partida de La Habana rumbo a La Higuera en Bolivia y si esa otra mitad de la película logra el nivel de ésta, estaremos ante una proeza. En una reciente entrevista a Del Toro realizada por el diario The Washington Times, el actor dijo que fue determinante para aceptar el papel el hecho de que sabía poco de la historia de Cuba y que al Che se lo habían presentado «como un cowboy sediento de sangre». El cine agradece la curiosidad y su honestidad.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje