En cartel. La obra de Jorge Esmoris se está presentando en el Undermovie

SPA: el humor a contrapelo

En el curso de «SPA» Jorge Esmoris se declaró un cínico, en el sentido que tiene la palabra en la historia de la filosofía.

Los cínicos, nos informa la Wikipedia, entendían que el objeto de la vida era la virtud en armonía con la naturaleza; como consecuencia rechazaban todos los deseos convencionales como riqueza, poder, fama y salud. Como nos sucede invariablemente con Esmoris, le creemos. Sus ideas no son convencionales, y ha pasado al lado de la fama sin prestarle atención; y le cuadra el humor de Diógenes el Cínico, que cuando Alejandro Magno le pregunta qué puede hacer por él, responde: «Que no me quites el sol».

Esta muestra de filosofía es una prenda de renovación que distingue a «SPA». Sin perjuicio de sus buenos chistes, bromas, paradojas, juegos de palabras y juegos en general, sugestiones e ideas varias, Esmoris lleva a las tablas, más que en otras presentaciones, cuestiones y reflexiones científicas e históricas que desarrolla a partir de breves y bien elegidas lecturas.

Su propósito es divertir y también hacer pensar, con un proyecto que requiere y tiene, por partes iguales agudeza, humor y chispa. Es un humor muy difícil de lograr, y Jorge acude a sus mejores recursos vocales, como cambios de tono y de velocidad, para señalar dónde están las bromas y donde están las veras.

Siempre tiene gracia y es amable; hay momentos en que logra plenos efectos cómicos; en otros sólo parece estar muy cerca, a centímetros, del blanco. Ha intentado un salto mortal, con esa modestia del verdadero artista que no deja ver las dificultades que ha superado.

Es lo suyo una mezcla de pensamiento y espontaneidad, de reflexión y soltura, de alegría y de seriedad, de gravedad y desparpajo. Si uno lee los diálogos de Platón, llega a un momento en que uno siente que Platón y sus amigos están jugando a pensar, y aún que están inventando, como un juego más, como un entretenimiento en una reunión, el hecho mismo del raciocinio.

Como fin de fiesta, el día del estreno Esmoris sorteó cuatro premios entre el público. Un limón, para estar amargado en serio, si de eso se trata, una pelota de trapo, un «retazo de los cielos», encarnado en un trozo de seda azul, y finalmente él mismo. El premio del último sorteo lo obtuvo el crítico de este diario. Los fuegos artificiales de sana y cordial hilaridad que surgieron entonces del ingenio de Esmoris, fueron un premio especial para quienes tuvimos la suerte de asistir al estreno.

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