La vigencia de lo eterno

El cine italiano cosecha éxitos

El cine italiano tratará de repetir en 2009 el éxito mundial conseguido el año pasado con la dupla «Gomorra»-«Il divo», recompensados ambos con los máximos reconocimientos tanto en el festival de Cannes como en los premios a la producción europea.

Para eso se disponen a entrar en escena los mejores talentos del cine peninsular decididos a hacerse honor no solo en los próximos festivales de Berlín y Cannes sino también en la boletería local.

Ya estrenado con buena acogida de parte de los críticos y los espectadores, «Come Dio comanda» de Gabriele Salvatores, que después de «Io non ho paura» vuelve a encontrarse con el mundo del escritor Niccoló Ammaniti en esta historia de un padre y un hijo unidos por un amor enfermo pero sincero, están por llegar a las pantallas locales lo mejor de la producción italiana. Se empieza con el esperado retorno del premio Oscar Giuseppe Tornatore que vuelve a su pueblo natal, Bagheria (Sicilia), donde ambientara su mejor película, «Nuovo Cinema Paradiso», con el ambicioso «Baaria, la porta del vento» con el reparto más estelar del cine italiano: Monica Bellucci, Raoul Bova, Enrico Lo Verso, Luigi Lo Cascio, Nicole Grimaudo, Lina Sastri y Beppe Fiorello, interpretando personajes míticos de su infancia.

Marco Risi intenta el filme de testimonianza con «Fortapasc» sobre un periodista que descubre los lazos existentes entre la política y la delincuencia organizada napolitana.

Francesca Archibugi juega sus cartas r con «Una questione d’amore» donde afronta por primera vez la comedia negra con Paolo Villaggio y Kim Rossi que traban amistad tras haberse conocido en un hospital víctima de sendos infartos.

Ya conocido internacionalmente pero aún inédito en Italia es «Mar nero» opera prima de Federico Bondi sobre una anciana racista obligada a soportar el auxilio de una inmigrante ilegal ucraniana con la que termina trabando una tierna relación (premio como mejor actriz a Ilaria Occhini en Locarno 2008).

El actor Michele Placido vuelve a sentarse en el sillón de director para una rememoración autobiográfica de la revuelta juvenil italiana en 1968, «Il grande sogno», cuando era un joven que se pagaba los estudios como policía y se balanceaba a ambos lados de la barricada.

El veterano Pupi Avati, que tras la muerte en el 2008 de Dino Risi y de Luigi Comencini y el semiretiro de Mario Monicelli, es a sus 70 años el director italiano más anciano en actividad presentará su habitual película anual, «Gli amici del bar Margherita», nueva incursión autobiográfica en su Bolonia natal mientras está por empezar el rodaje de su opus siguiente, «Il primo figlio».

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