En escena. Una veintena de actuaciones, algunas de ellas con la murga Agarrate Catalina

El Sabalero José Carbajal inicia una intensa serie de conciertos

El sábado próximo se presentará en el Anfiteatro de La Paloma, el domingo 11 lo hará en el Pabellón de las Rosas de Piriápolis. El viernes 16 en la playa de La Coronilla (Rocha), el sábado 17 en el Festival del Lago, del departamento de Flores, comenzará una serie de conciertos conjuntos con la murga Agarrate Catalina. El sábado 31 de enero estará en la Sala Cantegril de Maldonado.

El jueves 5 de febrero realizará su primer recital en Montevideo, será en la Sala Zitarrosa.

El domingo 8 lo hará en el festival Canta Uruguay, de la ciudad de Durazno. El jueves 12 volverá a ofrecer otro concierto en la montevideana Sala Zitarrosa. El domingo 15 estará en el Festival del Sábalo, de su ciudad natal de Juan Lacaze junto a Agarrate Catalina

El jueves 19 nuevamente en Montevideo y en la sala Zitarrosa. El domingo 22 en el anfiteatro de Paysandú con La Catalina. El jueves 26 ofrecerá su cuarto concierto montevideano en la Zitarrosa.

El viernes 6 de marzo lo hará en Jardines Bastión del Carmen (Colonia) con Agarrate Catalina. Al otro día, el sábado 7 estará nuevamente con La Catalina en el anfiteatro de Salto. Los conciertos conjuntos con la multipremiada y popularísma murga seguirán en viernes 13 en San José (Festival del Mate), el sábado 14 en Jardines de Minas (Lavalleja) y el domingo 15 de marzo en el Estadio de Las Piedras (Canelones). En abril, el martes 7 se presentará en el Festival del Reencuentro a Orillas del Olimar (Treinta y Tres).

Como se ve, una agenda apretada a la que se agregarán nuevas fechas. Carbajal está de nuevo en «el pago». Vale entonces recordar algo de su peripecia vital y nada mejor que su propia pluma. Dice El Sabalero: «Nací el día de las playas del 43′ en Juan Lacaze o Puerto Sauce, un lugar precioso sobre el Río de la Plata, ahí en el Departamento de Colonia.

Cuando era chiquilín, había dos fábricas que regulaban la economía de toda la población. La textil con unos 1.800 obreros y la papelera con unos seicientos.

Eran los años de la posguerra y mucha gente del campo y de los pueblos vecinos y no tan cercanos, llegaba en busca de trabajo como lo habían hecho mis padres en el 40 y esa gente se iba estableciendo en los alrededores creando barrios nuevos. Así fue creciendo el paisaje de casitas con terreno y el pueblo se extendió a lo largo de la costa.

Las chimeneas altísimas se levantaban por sobre las aguas amarronadas del Plata, por sobre las interminables dunas donde los pescadores tenían sus chozas, sus perros, sus redes tendidas al sol y sus botes a pocos metros de las gaviotas y los caraos. Y pasando los médanos, un poquito más allá, en los barrios verdes de plátanos y paraísos, el viento secaba mamelucos y guardapolvos recién lavados.

Fuimos creciendo en la libertad de las lagunas rebozantes de palometas, juncales y pájaros con todos los colores y con todas las melodías. En la pesca del sábalo a la orilla del enorme río, dura pero divertida. Con las chimeneas delante de los ojos, que esperaban nuestros catorce años para abrir el portonazo de hierro y tragarnos para siempre… y ese sería nuestro destino en el mejor de los casos.

Hice los siete años de primaria en la Escuela Industrial Don Bosco, un año en el liceo público y cumplí los 14. Cumplí los catorce años y abandoné el saloncito con treinta bancos, mapamundi, hombre anatómico y risas infantilotas y me aturdí entre el estruendo de 400 telares, otros olores, otro lenguaje y otros. Otros, mitad maestros y mitad compañeros, que me enseñaron durante seis años la más difícil de las materias. La fraternidad.

Mientras tanto, con cuatro amigos, una amiga y el apoyo de algunos profesores, fundamos el liceo nocturno libre, o sea que debíamos rendir exámenes totales para oficializar el pase al siguiente curso.

Desde niño me apasionó la lectura… y las letras me fueron ganando.

Comencé a escribir desde muy joven y con una guitarra que compartíamos entre muchos amigos y, con el paso del tiempo, me fui volviendo medio cantor, medio compositor, medio poeta.

En 1967 llegué a Montevideo y me quedé trabajando en las peñas folclóricas donde cantaba mis canciones y en la biblioteca del Ministerio de Ganadería y Agricultura.

Hice un disco con cuatro canciones que pasó desapercibido, hasta que en 1969 grabé mi primer LP en el que sonaban «Pantalón cortito» , «La Villa Pancha» y «Sentados al cordón de la vereda» que como a las otras, la gente las había rebautizado, en realidad, se llaman Chiquillada, La sencillita y A mi gente.

Mi vida cambió porque las canciones impactaron en los uruguayos y algunas se me fueron por Latinoamérica y se hicieron bastante populares.

 

Entonces llegó el momento de elegir y elegí.

La música y la escritura me convencían más que los consejos de mi madre que se preocupaba por las inseguridades de la aventura no muy prestigiosa que yo comenzaba seriamente. Vida de cantor y guitarrero.

Y seguí en esto.

Fui a Buenos Aires (Argentina) y de allí a España, donde estuve un año y medio hasta que el franquismo me expulsó a Francia.

Cinco años después, Holanda llenó todos mis rincones vacíos… y luego… sobrevolamos México hasta el 84. Volví o volvimos a Uruguay el 3 de noviembre de ese año y nos quedamos ocho más en Montevideo donde nació nuestro hijo Antolín en el 85. Catalina nació en Holanda en el 89, aunque todavía vivíamos en Montevideo.

Hace ya muchos años recalamos en Amsterdam y reparto mi tiempo entre Holanda donde escribo canciones y cuentos, estudio holandés, cocino, limpio y cuido mis hijos y mi casa, y Uruguay, Argentina y otros países donde sigo trabajando en la música con un grupo permanente de diez personas que formamos por el 86″.

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