LA VOZ DE LA GENERACION DE LA DIASPORA

El desarraigo y el amputado sentido de pertenencia son tópicos harto recurrentes en la literatura mundial, que, en pueblos que han padecidos dictaduras como el nuestro, cobran singular relevancia.

Además de perseguidos, muertos y desaparecidos, el gobierno autoritario provocó otro daño de irreparables consecuencias al colectivo social uruguayo que ha trascendido al tiempo: el exilio.

La denominada «Generación de la diáspora» está constituida por un grupo de compatriotas que nació y creció en tierras extrañas y, en muchos casos, desarrolló una doble nacionalidad y una doble identidad cultural con todo lo que ello implica.

Los escritores de esta generación han aportado un fuerte testimonio en torno a su origen, mediante una producción literaria fracturada y desgarrada, en la cual prevalece el anhelo de entender y explicar sus dilemas y dualidades.

En ese contexto, es habitual que se apunte al rescate de la memoria y de los rasgos culturales del país de los ascendientes, pero desde la alteridad y la distancia inevitable de aquel que fue arrancado de su tierra y sus costumbres.

Yuri Doudchitsky Ramos es un claro ejemplo de esa compleja dicotomía y de la búsqueda de valores que el exiliado aprecia como propios pero que, al mismo tiempo, analiza y valora con la distancia que le otorga la residencia en el país de adopción.

El autor nació en Montevideo en 1961, pero pasó su infancia en Beijing, China, y Buenos Aires. En 1976, su familia se vio obligada a exiliarse en Venezuela.

El escritor, que desde 1997 reside en Buenos Aires, ganó en 1986 el primer premio en el concurso por la conmemoración de los 100 años del diario «El Día» y, en 2004, obtuvo una mención en el certamen del Ministerio de Educación y Cultura.

En «Barranco», que mereció una mención en el concurso de narrativa organizado por la Intendencia Municipal de Montevideo en 2007, el autor construye un crudo fresco de la Venezuela de los años setenta, a través de la visión de un joven exiliado uruguayo.

Si bien el marco político referencial es importante en el desarrollo de la obra y para entender parte de la personalidad y vida del personaje, la novela no hace excesivo hincapié en este aspecto, como suele suceder con obras similares.

El protagonista del relato es Jorge, quien se encuentra en plena crisis existencial. Impelido por las circunstancias, debe adoptar cruciales decisiones largamente postergadas pero ineludibles.

En ese contexto, el personaje intenta recuperar el sentido de su vida, para lo cual debe afrontar la separación de su pareja, la imperiosa necesidad de ser una figura paterna sólida, abandonar sus negocios ilegales, su adicción a las drogas y los sórdidos ambientes que frecuenta.

Totalmente asimilado a la cultura de su país de residencia, recuerda con melancolía al Uruguay, tratando de preservar las pocas memorias que le quedan y de no perder por completo sus rasgos culturales de origen.

El libro ahonda en la compleja psicología del personaje, alguien con quien uno puede llegar a identificarse, pero que está muy distante de los sufridos personajes arquetípicos que suelen poblar las obras en las que se aborda el tema del exilio.

Como en la propia vida, en el libro puede encontrarse una variada gama de personajes y situaciones, que el estilo narrativo fluido y sencillo del autor torna creíbles.

«Barranco» es una interesante pintura de ambientes de un país en plena transformación. Al mismo tiempo, es una suerte de manifiesto de una generación amputada y cuestionadora.

(Editorial Trilce)

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