En el Solís. Brindó un memorable concierto con su quinteto en junio de 1989

A propósito de la desaparición del trompetista Freddie Hubbard

Freddie Hubbard transitó por el hard-bop de los años 50, el free-jazz de los 60 y la fusión electrónica de los 70. En los 90 tuvo que abandonar su trabajo por causa de una úlcera labial sangrante que le impidió tocar su instrumento por varios años.

Cuando retornó a escena ya no era el mismo. Había estado bebiendo alcohol en forma descomunal. Su declinación se manifestó en una trompeta de sonoridad mate, totalmente alejada de la brillantez de sus mejores épocas, y en una repetición de ideas que echaba de menos al inteligente improvisador de antaño.

Murió a los 70 años, después de un ataque cardíaco que sufrió un mes antes y que lo dejó internado en un hospital de Sherman Oaks, en Los Angeles.

Frederick Dewayne Hubbard nació en Indianápolis el 7 de abril de 1938. Estudió trombón, tuba y corno antes de dedicarse de lleno a la trompeta. Ganó una beca para ingresar en el Jordan College of Music pero al poco tiempo fue expulsado «por practicar demasiado jazz».

A los 19 años hizo su primera grabación integrando el combo de Wes Montgomery. En 1958 se radicó en New York y su talento le permitió tocar con varios músicos de primera línea. Fue contratado por el importante sello Blue Note y allí empezó su fabulosa carrera como líder, dirigiendo a figuras de la talla de McCoy Tyner, Hank Mobley, Jimmy Heath, Julian Priester, Cedar Walton, Philly Joe Jones, Paul Chambers, Reggie Workman, Elvin Jones y James Spaulding.

Discos como «Open Sesame» y «Goin’ up» (1960), «Hub cap» y «Ready for Freddie», (1961), «Hub-Tones» (1962), «Breaking point» (1964) y «Blue spirits» (1965), lo llevaron a la máxima aceptación de los aficionados.

Su presencia fue fundamental en el éxito arrollador que tuvieron varios álbumes de otros jazzistas, como «Free Jazz» de Ornette Coleman (1960), «The blues and the abstract truth» de Oliver Nelson, «Buhaina’s delight» de Art Blakey, «Doin’ alright» de Dexter Gordon, «Olé» de John Coltrane (todos de 1961), «Free for all» de Art Blakey, «Speak no evil» de Wayne Shorter, «Out to lunch» de Eric Dolphy (todos de 1964), «Maiden voyage» de Herbie Hancock, «Dialogue» de Bobby Hutcherson, «One for one» de Andrew Hill, «Ascension» de John Coltrane (todos de1965) y «East Broadway Rundown» de Sonny Rollins (1966).

En 1970 Hubbard grabó dos formidables discos para el sello CTI: «Red Clay» y «Straight life», con los que mostró su interés en incursionar en los ritmos electrónicos del funky-pop. El titulado «First light» tuvo un éxito popular de tal magnitud que recibió un Grammy en 1972. Pero la media docena de discos del sello Columbia editados en los años siguientes causó poco entusiasmo en los aficionados, excepto los grabados en vivo en California y Tokio en 1977 y que se editaron con el título de «V.S.O.P. the Quintet» y «Tempest in the Colosseum».

En los años ochenta Hubbard siguió trabajando con tal intensidad que sus labios empezaron a enfermarse. Entre las numerosas giras internacionales que debió realizar, una lo trajo hasta Montevideo, en junio de 1989. Por fortuna, el público uruguayo pudo apreciarlo personalmente antes que se produjera la interrupción de sus actividades musicales.

Allí se confirmó la certeza de las opiniones que emitiera años antes el crítico Stanley Crouch: «Desde el momento en que toca la primera nota, usted reconoce inmediatamente a Freddie Hubbard. Es una trompeta personal, distinta a lo que hacen o hicieron Louis Armstrong, Clifford Brown o Miles Davis. Tiene una sonoridad cálida y poderosa, una técnica prodigiosa, un swing apasionante y es también un maestro en la ejecución de baladas».

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