Hombres de honor

Persevera y vencerás

Apoyada en una historia real, el filme Hombres de honor de George Tillman Jr. relata la peripecia del primer individuo de color que pudo ser buzo de la marina de los Estados Unidos. Una más de segregación y heroísmo con duelo actoral de Robert De Niro y Cuba Gooding Jr.

La única y posible oportunidad para ese empecinado muchachón de campiña (Cuba Gooding Jr.), en los victoriosos tiempos de la posguerra (la Segunda), supone alistarse en la marina y por cierto ocupar un lugar destacado. Ni ahí. Apenas si la frontal discriminación racial de los atléticos blancos, tan arrogantes como torpes, los termina enviando a cocinar hamburguesas y pelar papas en la cocina. No hay salida, aparentemente. ¿La hay?

Para Cookie Brashear (Cuba Gooding Jr.) la oportunidad está a la mano y, de pronto, estando de maniobras en alta mar, llega a demostrar –desobedeciendo las órdenes de los oficiales– que puede nadar más veloz que los blancos. El chico termina con sus huesos en un calabozo, pero el oficial a cargo de las maniobras (Powers Boothe) ha quedado hechizado por su potencial y logra que le aprueben la solicitud para ser un buzo de la marina.

Hombres de honor, de George Tillman Jr., despliega un relato que podía haberse elevado a niveles superiores de resolución, pero las líneas libretísticas son básicamente pobres, sin brillo en los diálogos ni potencia para darle mayor densidad a la elaboración de las secuencias.

Todo está formulado para situar a ese nigger que pasará las de Caín y que lo logrará por fortaleza anímica, por perseverancia y seguramente por su propio talento. Aun cuando su instructor sea un perro de caza (un Robert De Niro desaforado, más tarde alcohólico y finalmente redimido con el chico al punto de respaldarlo), el personaje muy bien caracterizado por Cuba Gooding Jr. barrerá todo a su paso.

Y el flanco humanista y emotivo, asimismo, no podía esquivarse cuando el marino ensaya intrépidas misiones, una de ellas en pleno océano donde debe encontrar una ojiva nuclear: el porfiado buzo (el que para graduarse estuvo resistiendo casi diez minutos bajo aguas gélidas e invernales) encontrará el temible artefacto, pero perderá prácticamente la pierna en un accidente obviamente no previsto. Lo declaran héroe, pero deciden jubilarlo a pesar de su furia.

Aun así, ya en matrimonio, decidirá que es mejor cortarse su pierna que retirarse con las dos a casa y ser un negro rengueando necesitando de un bastón o de muletas. Por lo que con una prótesis en su pierna mutilada, inicia la odisea de rehabilitación para retomar su lugar dentro del cuerpo de buceadores de la marina estadounidense.

Así que, inesperadamente, aparece el viejo instructor y su mujer (la impecable Charlize Theron, lamentablemente desperdiciada) y habrá entrenamientos, una solicitud de la Corte Suprema y un happy end como corresponde a estos asuntos tan american way of life.

Lo que trasciende en Hombres de honor es el formidable duelo actoral entre ese Robert De Niro alocado y el persistente Cuba Gooding Jr. El resto es hojarasca que se hunde en el océano. La historia alentaba a mejores resultados cinematográficos, pero el libreto tiene por momentos líneas de una escolaridad alarmante.

Vale por De Niro y Cuba, nada más.

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