Danza: una expresión sin prejuicios
–¿Ballet pero también candombe?
–Así es. Creo que el hecho de dedicarme desde muy pequeña a la danza clásica no debe ser un obstáculo para danzar en una comparsa durante el Carnaval. Son prejuicios, la danza es una sola, ya sea la pieza clásica más elaborada o el movimiento más simple ejercido con el cuerpo.
Por ejemplo, en Cuba, una nación que se destaca, entre otras cosas, por la calidad de sus cuerpos de ballet encabezados por la prima ballerina assolutta Alicia Alonso, una de las disciplinas fundamentales y materia excluyente en la formación artística es la danza folclórica en todas sus vertientes que, obviamente, tienen, la mayor parte de ellas, sus raíces en el continente africano. Es así que quien interpreta, por ejemplo, Giselle o El lago de los cisnes, también trabaja y estudia la técnica de expresión y de baile de gran cantidad de etnias africanas cuyas danzas, en su abrumadora mayoría, están basadas en instrumentos de percusión.
Y bueno, aquí, en nuestro país creo que quienes tenemos una determinada formación académica, también deberíamos incursionar en el folclore. En mi caso el candombe tiene mucho que ver con mis ancestros, pero también me estoy ocupando de trabajar sobre otras danzas del folclore uruguayo cuyos orígenes están fundamentalmente en España, en Italia y en quienes poblaron estas tierras antes de la llegada de los conquistadores.
La danza es expresión y como tal debe expresar la multiplicidad de culturas, el abanico cultural con el que nos sentimos representados. Estimo que hay que terminar con esa falsa oposición entre lo culto y lo popular. En definitiva, son diferentes formas, diferentes maneras de expresar los sentimientos, las alegrías y los dolores, las satisfacciones y las necesidades del ser humano, un animal cultural que nunca debe olvidar su pertenencia a la naturaleza.
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