Balance de un año agitado
Esa intensidad no se limitó a las exposiciones. Abundaron las conferencias, mesas redondas, presentaciones de libros, laboratorios, talleres de todo tipo para niños y adultos, cursos y cursillos, proyecciones audiovisuales, catálogos importantes, desplegables, tarjetas y tarjetones de una inusual calidad gráfica. Como nunca antes, se publicaron libros y revistas. Como nunca antes, se habló y se escuchó, se escribió y no siempre se leyó. A las inauguraciones acudió numerosísimo público que no pudo apreciar la obra pero tampoco se molestó en volver. El arte, pretexto de sociabilidad, de la charla intrascendente y los elogios fáciles. La comedia de siempre. En ausencia del acervo de la pintura uruguaya, desplazada a los depósitos, las casas de subastas se convirtieron en museos temporarios de sorprendente interés. Y unos pocos artistas escaparon de lo confortable, de lo conseguido para experimentar nuevos caminos que se bifurcan.
Fuera del canon
Lo auténtico e innovador fue visitado por minorías. Casi en secreto, sin mayor difusión (la información y la crítica desaparecieron de la casi totalidad de los medios), la lítica pesadumbre del Cabildo se animó con la espectacular instalación colombiana Bordes y confines. Cinco contenedores de madera, transitables, poblados de imágenes y graffiti, de proyecciones videográficas, hospedaron cinco características que definen el continente sudamericano en un diseño notable de Camilo Umaña y una calidad (y calidez) visual de alto voltaje comunicativo y participativo. En el mismo lugar, otra memorable propuesta, Límite, una realidad olvidada, investigación de Susette Kok y Alejandro Dubé sobre la realidad de los internados en las Colonias Etchepare y Santín Carlos Rossi y la capacidad de reacción ante la adversidad a través de la creación pictórica y literaria. El admirable montaje transformó las austeras salas en un recorrido emocionante, provocativo, registrando nombres y obras memorables. Una tercera visión audaz, tuvo como responsable a un dúo de jóvenes, Eugenia González y Agustina Rodríguez, que ocuparon oficinas deshabitadas en la Ciudad Vieja y con la colaboración indispensable de Javier Abreu, convirtieron el desangelado edificio en un territorio de plurales encuentros, desafiando las convenciones establecidas con Interferencias en el sistema. Admirable. A fin de año, en el Espacio MEC, cometieron la equivocación de trasladar al interior lo que pasa en los muros de la ciudad, al elaborar los graffiti en situación completamente opuesta a la callejera, cargada de tensión y apresuramientos. Pero el intento, como otras propuestas conocidas, demuestra la inventiva permanente del dúo.
Con menos espectacularidad, A Morir, los sábados al mediodía, indagó otra modalidad operativa, así como Fotogalería a Cielo Abierto, paneles de fotos en el Parque Rodó. O la intervención de espacios públicos por el fotógrafo Juan Angel Urruzola. Hechos estimulantes al recorrer caminos no trillados.
Otra modalidad inadvertida fue el monumento madí de Diego Focaccio en el patio de la escuela Alemania, un acto justiciero de reflotar una tendencia vanguardista típicamente rioplatense que la cultura oficial se obstina en ignorar.
Lo tradicional
Lo artísticamente correcto se mantuvo en las retrospectivas. Numerosas, por cierto. La mayoría careció de un montaje incisivo, iluminador y comprensivo de las obras (Ventayol, Nantes, Ounanian, Baitler, Peralta). Esa responsabilidad fue asumida con imaginación por Angel Kalenberg en Miguel A. Battegazzore, un talento que supo recorrer diversidad de disciplinas y en todas puso el acento de solidez conceptual e inventiva formal.
La escultura y la fotografía dominaron. Podestá, Nantes, Fonseca, Atchugarry, Pascale, Díaz Valdez y Pailós reavivaron el atractivo hacia el arte de conformar un volumen o hacerlo vehículo de estructuras espaciales. Aunque los fotógrafos nacionales (Astiazarán, Rubio, Bonilla, Isarrualde, Risso, Urruzola en muestras individuales) demostraron inteligentes enfoques, se vieron confrontados con proyectos, por momentos, ambiciosos y unitarios de los españoles Muñoz y Bauluz, el portugués Serafim, el argentino Germano o el mexicano Mtzontemoc, así como las colectivas Sutil/Violento y El Best Of del Scoop de Angers. Con otros recursos económicos se obtienen resultados removedores.
Jacqueline Lacasa, directora del Museo Nacional de Artes Visuales, quiso probar que es posible la renovación edilicia y atraer, circunstancialmente, otro público, en la posesión de la diferencia, con una incansable voluntad de mantener un ritmo vertiginoso, sacrificando o sin atender a la suficiente calidad. En el anuario del museo, junio 2007 a julio 2008, probó y documentó su enorme capacidad de gestión en una agenda demasiado cargada, destacándose sus proyectos Nuevas vías de acceso y Satélites de amor, entre otros muchos, que saturaron la atención hacia lo temporario y, de paso, la sacralización indiscriminada de los jóvenes, anulando la colección permanente y la memoria histórica, aún con la bien intencionada exhibición de Naturalezas muertas uruguayas.
El encuentro con la pintura nacional se produjo, inesperadamente, en las casas de subasta. Castells & Castells, Bavastro y Gomensoro presentaron obras desconocidas de artistas muy conocidos, piezas clave de los períodos de la modernidad y de la actualidad, editando catálogos muy bien ilustrados. Cerró Meridiano, una galería refinada que marcó rumbos entre los jóvenes, pero también, surgieron nuevas galerías: La Pasionaria es un complejo cultural que de a poco va afirmando un rol estratégico en el circuito de la Ciudad Vieja, acompañadas por las galerías Ka y Frau, cada una con roles específicos. Un cierto optimismo se instaló en el barrio, con numerosos museos y centros culturales.
Publicaciones
La industria editorial mejoró notablemente en las publicaciones de arte, pero en especial es en el rubro del diseño gráfico que se advierten aspectos reveladores. En pocos años, los folletos y catálogos se modificaron en forma radical. La mejor manera de orientar la cultura visual, tan desvalida desde los centros de enseñanza. Nacha Valenti, apenas treintañera, con sus tres libros para el Premio Figari 2007-08 del Banco Central, logró un sitio estelar en el diseño gráfico. Se compenetró, a través del texto, del estilo de cada artista y resolvió con refinamiento y elegancia cada uno de los catálogos. Alejandro Schmidt lo hizo con rigor para las publicaciones del Centro Cultural de España. Fernando Alvarez Cozzi depositó su maestría en la revista Maldoror y fue más convencional en Dossier. En el cuadro de honor se mencionan otros talentos que contribuyeron a elevar el nivel gráfico nacional. Mención especial merece el catálogo para el pabellón uruguayo de la XI Bienal de Arquitectura de Venecia, Una metáfora cristalizada, magnífico diseño, con la atenta mirada de los arquitectos Marcelo Danza y Miguel Fascioli y los asistentes Federico Parra y Felipe Ridao.
Descompensaciones varias
El Ministerio de Educación y Cultura cambió de mando y de orientación. De un ministro inexistente, a una ministra casi omnipresente. Contrariamente a lo esperado, el profesionalismo y la pluralidad no se impusieron. Un círculo áulico cada vez más cerrado parece determinar modificaciones arbitrarias y repentinas. El MNAV perdió autonomía, algo que los militares no se atrevieron a tocar, convertido en sede ejecutora de los administradores de turno. La falta de transparencia en los procedimientos (nombramientos de delegaciones al exterior, de nuevos directores en la principal pinacoteca, puesta en marcha de la ley de mecenazgo), el escaso relacionamiento con la comunidad cultural en los proyectos a efectuar, afirman la soberbia que, por otra parte, caracteriza al gobierno progresista. El caso de la Estación Central de Ferroca
rril, desafectada en su condición de monumento histórico para convertirse en playa de contenedores, es sintomático. La dignísima renuncia del arquitecto William Rey a la presidencia de la Comisión de Patrimonio ante esta resolución (y las pobres justificaciones del ministro Rossi) revela el desacuerdo existente entre los gobernantes y el escaso interés por la defensa y cuidado de los bienes patrimoniales. Montevideo (y el país) una vez más, ciudad ultrajada.
Compartí tu opinión con toda la comunidad