LA AVASALLANTE VOZ DE LA SENSIBILIDAD

El soneto es una de las formas poéticas más antiguas y más complejas y, también, una de las más bellas. Si bien muchos lo consideran perimido, por la natural dificultad que presenta comparado con el verso libre, hay escritores que lo siguen cultivando con entrañable pasión.

En un tiempo de dramática frivolización de la cultura y de indiferencia hacia la poesía como crucial vehículo de expresión de la sensibilidad, la vigencia del soneto comporta un plausible retorno a la mejor tradición de este género literario.

Haciendo un oportuno ejercicio de memoria, corresponde recordar que las dos fuentes clásicas del soneto son: el italiano o petrarquista y el inglés o shakespeariano.

El soneto petrarquista tuvo seguidores en Italia y se difundió también en otros países europeos. En Portugal, esta forma poética fue asumida por célebres autores como Luís de Camões, en Francia por los miembros del grupo conocido como la Pléyade y en España por Boscán y Garcilaso de la Vega, entre otros.

En el siglo XVII español, se destacan los sonetos de grandes plumas, como Cervantes, Góngora, Quevedo, Calderón y Lope de Vega.

A la influencia de la forma tradicional, se une el gran impacto de los simbolistas franceses, lo cual determinó la introducción de variaciones más o menos heterodoxas.

Rubén Darío, por ejemplo, dedicó un soneto a Cervantes, donde combinó endecasílabos y heptasílabos y otro a Walt Whitman, donde apeló a versos de doce sílabas.

Otros autores contemporáneos de sonetos son: Amado Nervo, Leopoldo Lugones, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Jorge Guillén.

El escritor, compositor y docente Washington Benavides, que nació en Tacuarembó en 1930, es uno de los más relevantes poetas hispanohablantes contemporáneos.

«Sonetos (del Batoví Dorado al Gabinete del Doctor Caligari 1954-2008)» es una antología del emblemático autor, que recorre parte de su referente producción literaria.

Benavides es un artista mutifacético que ha destacado en distintas disciplinas, como la docencia y la composición musical. Es autor de más de quinientas canciones registradas en AGADU.

Escritor versátil, ha sabido incursionar -con talento y habilidad- tanto en la poesía con estructura como en el verso libre en todas sus variedades.

Es uno de los pocos autores compatriotas que cultiva aún el soneto y lo hace con singular maestría, adaptando la antigua forma a temáticas actuales, renovándolo y dotándolo de frescura, pero siempre preservando su rígida y tradicional estructura.

Lejos de dejarse limitar por las reglas de construcción del soneto, Benavides parece sentirse especialmente cómodo utilizándolas. Su indudable oficio le permite componer piezas fluidas y sencillas y expresarse libremente, sin que el rigor de la rima y la métrica hagan primar la forma sobre el contenido.

En este poemario imprescindible, el escritor incluye trabajos de dos de sus heterónimos más conocidos: John Filiberto y Pedro Agudo.

Cada uno con su propia historia, estos artistas, nacidos del genio de Benavides pero dotados de identidad creativa propia, nos ofrecen otras formas de concebir la poesía, que, en algunos casos, se distancian de la del escritor que les dio vida.

El talentoso vate registra elocuentemente su visión crítica, a propósito de los males que aquejan a nuestra empobrecida sociedad globalizada, corroborando que ­pese a todo- la sensibilidad mantiene plena vigencia.

Como siempre, una mención aparte merece la composición de la portada, una subyugante pintura de Pablo Benavides, artista plástico e hijo del autor.

(Editorial Rumbo)

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