Quantum of solace. Regresa el agente menos secreto del mundo

Bond: el mismo pero diferente

Así, «Quantum of solace» (la vigésimo segunda película de la serie) ofrece al espectador ese mismo vértigo en secuencias que transportan la acción, por ejemplo, de la provincia Siena al desierto de Atacama, pasando por Puerto Príncipe, en medio de persecuciones automovilísticas y ataques aéreos infaltables en la saga.

El título del filme se desprende de un relato breve del propio Ian Fleming incluido en el libro «Confidencial» (Ediciones Albon; 1967) y que ha sido traducido como «Cantidad de consuelo» aunque, obviamente, no tenga mayor relación temática con el texto original. (Un dato que ya ha ocurrido en anteriores oportunidades, adquiriendo un mero valor anecdótico).

Lo importante de subrayar, quizás sea los notorios matices diferenciales que esta nueva caracterización del agente secreto adquiere en la interpretación de Daniel Craig, un actor que, a nivel casi unánime, ha sido consagrado por el público y la crítica como el sucesor más legítimo que ha tenido el ciclo Bond luego de Sean Connery. Y esto es mucho decir ya que por el rol pasaron celebridades de la talla de Roger Moore y Pierce Brossnan, entre otros, que, a pesar de aportar lo suyo nunca llegaron a esa esencia de sexsymbol mortal que supo ostentar Connery desde el principio.

Con Craig parece agregarse una suerte de tosquedad letal motivada por impulsivas ráfagas de furia que toman distancia de la frialdad flemática que lucía el primer James Bond de Sean Connery. (Una suerte de elegante salvajismo, motivado por la venganza y apenas controlado por un sistema que ya no tiene los códigos de la Guerra Fría).

Para los que no hayan visto el largometraje anterior, la trama puede complicarse ya que la nueva propuesta prácticamente continúa el eje argumental de su predecesora en la que Bond ha capturado al traicionero Mr. White y lo lleva prisionero mientras es perseguido por los secuaces del rehén.

Un comienzo abrupto a todo vapor cuya dinámica continuará, en forma intermitente, a lo largo de la proyección mientras la platea intenta discernir el meollo narrativo de la realización.

Probablemente no importe demasiado aunque resulte necesario establecer una noción mínima del acontecimiento en el que Bond desea descubrir a los asesinos de su amada y se topa con una organización que, entre otras cosas, planea desestabilizar al gobierno boliviano, golpe de Estado mediante.

Con una acotada galería de villanos en la que sobresale el actor Mathiec Amalric («La escafandra y la mariposa») en el rol de un aparente filántropo que oculta siniestras motivaciones, este «Quantum of solace» impresiona como un ejercicio turbulento bien filmado y poco más. Un par de hermosas mujeres y/o un homenaje a «Goldfinger» a manera de guiñada cómplice con algún espectador veterano resultan detalles casi ornamentales pero igualmente eficaces en el recorrido de esta carrera desenfrenada en la que James Bond mata de mil maneras diferentes a sus adversarios. (Y sus aliados también parecen como sujetos a una maldición indescifrable).

El resto es una nueva fórmula, un envase distinto para proyectar un ícono nacido a mediados del siglo XX que continúa vigente en el nuevo milenio. No es una maravilla pero funciona.

«Quantum of solace». Dirigida por Marc Foster. Producción: Micha Wilson y Bárbara Brócoli. Guión: Neal Purvis, Robert Wadfe y Paul Hagáis. Con Daniel Craig, Olga Kurylenko, Mathieu Almaric, Judi Dench, Giancarlo Giannini y Rene Mathis.

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