Un libro que pone el dedo en la llaga
–¿Qué opinión le merece la nueva reedición de «Bernabé, Bernabé»?
–Se trata de un libro que, año a año, se va reeditando, se mantienen sus ventas. Esto no ha sucedido con otras obras mías que han sido posteriores a «Bernabé, Bernabé».
–¿A qué atribuye lo anterior?
–Fundamentalmente, a que toca una llaga que creo tenemos todos los uruguayos. Tiene una punta que es la histórica, real, que nunca fue suficientemente contada. Por otro lado, está el tema de que nunca vi a un militar arrapentirse. Siguieron con la convicción de que habían cumplido con su deber. Está esa paradoja de que hayan cometido atrocidades, incurrieron en el genocidio y que, sin embargo, han sido incapaces de aceptarlo. Esto es algo que yo quise poner en la obra. Considero que estos dos aspectos son los que han hecho que el público uruguayo se interese tanto en el libro.
–¿Cómo estuvo su año en la Biblioteca Nacional?
–Desde mi punto de vista, siempre se pasa por una etapa de proyectos, y después recién comienzan a aparecer los resultados visibles del trabajo realizado. Este ha sido un año de realidades tangibles. Tengo que recordar que se terminaron las obras en la sala de lectura, la sala José Pedro Varela está finalizada y se encuentra muy avanzado el mobiliario del atrio de la Biblioteca. A esto se agrega que se ha solucionado el tema de la gente sin techo que rodeaba el edificio, y que preocupaba notoriamente a los usuarios y los lectores. Estamos a tan solo un paso de concretar el proyecto del sistema nacional de bibliotecas públicas, que va a ser un primer mojón para que se constituya un centro nacional de información que incluirá también a los museos, archivos, etcétera.
–¿Algo que le interesaría agregar?
–Que se dé un debate interesante sobre la realidad nacional que conduzca a una elección atinada en octubre.
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