Rodó con Woody Allen y prepara un musical basado en un filme de Fellini

Penélope Cruz se reivindica

Fue Almodóvar quien la llevó a un plano internacional con su papel de falsa monja embarazada en «Todo sobre mi madre», un personaje con el que Penélope Cruz ganó el halago unánime de la prensa y la crítica cinematográficas en el festival de Cannes de 1999.

A los franceses, devotos de la belleza distante de los cánones tradicionales, y más bien concebida como una suma armónica de asimetrías, los sedujo su físico y la calidez de su personaje.

Melodrama puro y duro, el filme conquistó el Oscar 2000 al Mejor largometraje extranjero, y las puertas de Hollywood se abrieron sin vacilar para Cruz.

Comenzó entonces para la actriz una etapa de superproducciones de menor cuantía, una vacua lista de películas entre las cuales acaso la menos desafortunada fue «La mandolina del capitán Corelli». Sin embargo, los críticos se burlaron sin piedad de su inglés con acento demasiado crudo y le recomendaron clases de fonética para remediarlo.

Pero ella encontró una fórmula mejor y su romance con Tom Cruise resolvió todos los problemas. No así el buen rumbo de su trayectoria profesional que siguió navegando entre películas banales como «Bandidas» y «Sahara».

La única excepción, en esos años baldíos fue «No te muevas», con Sergio Castellito, que le mereció el premio de la Academia de Cine Europea a la mejor interpretación femenina.

Fiel a Almodóvar, la reivindicación artística de Cruz llegó, una vez más, de la mano del cineasta manchego con «Volver», en la que encarna a una mujer común, sacudida por el estrés cotidiano, impulsiva y desbordada, sin una gota de glamour.

La comunidad hollywodense la aclamó en pleno. A ella la entusiasmó desde el primer momento un personaje en el que entró con la fe ciega con que abraza todos los proyectos de Almodóvar. «Soy plastilina en las manos de Pedro», asegura.

«Volver» fue como un toque de gracia y fijó sobre ella la mirada de directores como Woody Allen, quien la reclutó para «Vicky Cristina Barcelona».

Con Isabel Coixet rodó «Elegy», versión fílmica de la novela «El animal moribundo», de Philip Roth, un libro que la apasionó hasta la obsesión, confiesa. El largometraje le dio la oportunidad de compartir el set con Ben Kingsley. Me dejé llevar por él, que es un actor maravilloso, admitió con absoluta modestia.

A fines de agosto comenzó a prepararse para otra empresa no menos ardua, el musical «Nine», a las órdenes de Robert Marshall, inspirado en «Ocho y medio», de Federico Fellini.

«Nine» exigirá de Penélope Cruz bailar y cantar. Para lo primero la respaldan sus 17 años practicando la danza, en épocas anteriores. En cuanto a cantar, se sometió a varias audiciones y le aseguraron que podía hacerlo bien.

A los 34 años, parece haberle ganado la pelea a Hollywood y estar en condiciones de elegir lo que quiere hacer en el futuro. Pero siempre volverá a los brazos gratificantes de Almodóvar, su ángel protector.

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