Vida y obra de Hermann Hesse
Fruto de una amistad que se extendió por siete años, acaba de ser publicada «Herman Hesse: su vida y su obra», una biografía en la que el poeta Hugo Ball retrata costumbres cotidianas del escritor alemán. «Neurótico. Exagerado en los modales. Torpe timidez. No sabe bailar», son algunos de los apuntes que realiza Ball en el libro que presenta como la biografía de Hesse, a quien conoció en 1920 y con quien mantuvo una amistad que se extendió por siete años. El autor pronto descubrió en su amigo escritor un perfecto compañero de viaje: él también provenía de una familia muy religiosa y también tenía una intensa y conflictiva vida interior.
El libro, publicado por el sello Acantilado, es justamente el resultado de una coincidencia de almas entre un neurótico y el fundador del mítico Cabaret Voltaire, donde se juntaban a mover las caderas los dadaístas europeos. «Su obra está llena de sus temores, nocturnidades y consuelos. Es el último de su estirpe, y por tanto también aquel que lleva en sí la suma de su experiencia y de sus angustias, de su dolor alejado del mundo y de sus desbordantes nostalgias», consigna Ball. Hesse nació en julio de 1877 en la pequeña ciudad alemana de Calw. Cuando cumplió 50 años, en 1927, su amigo Ball le contó sobre la existencia del libro, más próximo a la descripción de un periplo espiritual que a las leyes de una estricta biografía. El improvisado biógrafo presta más atención al panorama interior del alma de su amigo que a los avatares externos de su vida: los abortados estudios de teología, el trabajo de librero en Tubinga y Basilea, las desventuradas estancias en centros educativos o sus tres breves matrimonios, sus hijos y sus viajes.
Al margen de los datos biográficos aportados, la obra se convierte en uno de los más sólidos análisis que se hayan realizado sobre la estrecha relación entre la vida de un autor y su obra, sobre la analogía psicológica existente entre las angustias y luchas interiores de un escritor y el carácter de sus personajes, sobre la influencia de la conciencia estética y del paisaje espiritual del poeta. Los sentimientos de Hesse se deslizan por las páginas de sus obras con una transparencia que Ball aprovecha para escrutar con la minuciosidad de un diestro cirujano. No cabe duda de que biógrafo y biografiado compartían una curiosa sintonía espiritual: ambos eran individuos solitarios e idealistas. Eso, unido a cierta tendencia a la efusión de naturaleza ultramundana, hace que el libro, además de un estudio sobre la vida y la obra de Hesse, termine siendo una especie de monumento levantado en homenaje al padre de «Siddartha».
Hesse y Ball creían ante todo en la fértil imbricación de personalidad, arte y vida, así como en el fortalecimiento espiritual de la humanidad mediante la universalización de la paz, la sabiduría y la bondad; por ello ambos se trataron mutuamente de «caballeros del espíritu» y profesaron un pacifismo a ultranza durante la Gran Guerra europea, razón por la cual fueron calificados de «antipatriotas» por la sociedad de entonces.
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