EL HUMOR COMO CATARSIS Y REFLEXION
El humor, antes de transformarse en un mero pasatiempo a menudo banalizado y subestimado, fue una de las primeras expresiones de rebeldía y disconformidad con los modelos sociales hegemónicos.
Su vigencia data del antiguo Egipto, cuando ya se practicaba el humor político, que se valía de los diálogos con doble sentido, la fina ironía y la caricatura de personas y situaciones.
El teatro griego primitivo, con un género tan prolífico como la comedia, fue uno de los primeros en parodiar actitudes, costumbres y conductas individuales y colectivas.
En nuestro país, esta vertiente indisolublemente identificada con el arte popular, nos permitió sobrellevar los tiempos más dramáticos, mediante inteligentes estrategias que lograron burlar a los censores de turno.
Entre muchos personajes sobresalientes, cabe recordar a genios del humor político y social, como el popular Julio E. Suárez (Peloduro) o el inolvidable Wimpi.
Este último transformó al humor en fuente de elucubración metafísica, demostrando, paradójicamente, que también podía ser cosa seria, educar y hasta convocar a la reflexión.
Actualmente, la sociedad uruguaya afronta un dramático proceso de descaecimiento cultural y pérdida de valores, caracterizado por la ausencia de debates inteligentes y la frivolización de los discursos.
Buena parte de la responsabilidad recae en los medios masivos de comunicación, que, con sus contenidos de fácil digestión, han opacado expresiones culturales más elaboradas. En ese contexto, el humor se ha tornado burdo, primitivo, básico y por momentos hasta pueril.
Sin embargo, en pleno tercer milenio, existen aún algunos destacados exponentes de un humor más profundo, que no apela tanto al facilismo o al chiste de rueda de café. Uno de ellos es el joven Ignacio Alcuri.
Escritor, guionista de televisión y radio y ocasionalmente cómico de café concert, este autor compatriota ha desplegado una interesante actividad literaria, dedicada exclusivamente al género humorístico.
Hijo de la década del ochenta, pero curioso e inquieto arqueólogo de épocas que lo antecedieron, apela a un humor multitemático, que posee claras influencias de fuentes tan variadas como el cómic, el cine, la literatura en general, la música, el teatro y las series televisivas del culto, entre otras.
Identificado con la denominada «moda retro», una bizarra mixtura de expresiones culturales y referentes sociales con el único hilo conductor de haber pertenecido a tiempos precedentes, Alcuri alude en sus cuentos a sus propias vivencias, sus traumas, sus temores, sus gustos y sus manías, que en parte son compartidas por muchos de los integrantes de la generación posdictadura.
Ya en «Sobredosis pop» (2003), su ópera prima, el ingenioso autor desplegaba un humor ácido y plagado de referencias a la cultura popular de los últimos veinticinco años.
En «Combo 2″ (2004) y «Problema mío» (2006), Alcuri mantuvo el mismo rumbo literario, aunque fue paulatinamente perdiendo algo del impulso creativo de sus comienzos.
«Huraño enriquecido», su más reciente obra, está bastante lejos de colmar las lógicas expectativas del lector, al transitar los mismos caminos recorridos en títulos precedentes.
Aunque el escritor corrobora su reconocido talento para construir un humor rampante, incisivo y de trazo desenfadado, no logra disimular notorias y permanentes repeticiones.
El libro, si uno ha leído los anteriores, se torna por momentos reiterativo, tanto por las temáticas abordadas como por su estética creativa.
(Editorial Sudamericana)
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