Ernesto Jodos. Acaba de editar un excelente CD al frente de su quinteto

El pianismo luminoso y diáfano  de un joven jazzista argentino

Llama la atención en casi todo el mundo que Argentina, con tantos problemas económicos y sociales, tenga una actividad jazzística asombrosa que se refleja mayormente en conciertos y festivales y la edición de discos nacionales e internacionales.

En este rubro, la discografía del vecino país se ha visto acrecentada no sólo con el material del jazz tradicional, que siempre constituyó allí un poderoso movimiento, sino con las grabaciones de talentosos músicos modernistas como Adrián Iaies, Luis Nacht, Paula Shocron, Natalio Sued, Oscar Giunta, Rodrigo Domínguez, Luis Salinas, Ricardo Cavalli y muchos otros.

Una de las figuras que concita el mayor interés es la del pianista y compositor Ernesto Jodos. Nacido en Buenos Aires en julio de 1973, asistió a los cursos del Berklee College of Music en Boston. Vuelto a su país natal, tocó con Walter Malosetti, Eduardo Casalla, Chivo Borraro y acompañó a famosos como Michael Brecker y Paquito D’Rivera. El público uruguayo supo aplaudirlo calurosamente cuando estuvo en la Sala Zitarrosa en abril de 2005.

En lo que va del presente siglo ha grabado varios discos como líder que le valieron en diferentes ocasiones títulos como «mejor pianista de jazz» o «mejor músico de jazz argentino». Su disco de piano solo del año 2004 y el dedicado a la música de Lennie Tristano, en 2007, recibieron las máximas calificaciones de la crítica española en la revista Cuadernos de Jazz.

«El jardín seco» es su última producción. Con una duración total de setenta y cuatro minutos, este CD contiene diez temas compuestos por Jodos e interpretados por su quinteto, integrado además por Carlos Lastra (saxos tenor y soprano), Hernán Merlo (contrabajo), Sergio Verdinelli (batería) y el vibrafonista chileno Diego Urbano.

Las composiciones exhiben un claro espíritu del bop, pero están creadas con la impronta de quien ha asimilado las ondas actuales de la música. Jodos escribe con fluidez y permite que sus músicos se explayen gozosamente con un lenguaje que tiene mucho swing. Las versiones exhiben además el buen trabajo de ensamble y la armonía y entendimiento que existe entre sus integrantes.

Es fácil recordar las grabaciones de los años sesenta y los solistas se mueven cómodamente en ese contexto. Jodos improvisa con un juego luminoso, fresco y redondo, digitando ágilmente con su mano derecha mientras la izquierda armoniza con certeros acordes. Su estilo es igualmente fascinante tanto en los momentos de elevado lirismo («Extrañolandia») como en los pasajes de manifiesta vitalidad («Seis algarrobos», «¿Y entonces?»).

Diego Urbano produce con su vibráfono la deliciosa musicalidad característica de un maestro como Bobby Hutcherson. Los saxos del experimentado Carlos Lastra, sobre todo el tenor, avanzan por los senderos del John Coltrane de los primeros años del célebre cuarteto, sin forzar su vertiginosa técnica y manteniendo un discurso más calmo y cerebral. Su pujante soprano se luce ampliamente en «No era un río».

Hernán Merlo, veterano gran contrabajista, aporta su sólido apoyo pero su sonido parece apagado, quizá porque su instrumento no está suficientemente destacado. Sergio Verdinelli es otro de los que demostró su valía en el Teatro Solís el pasado mes de octubre, integrando el magnífico quinteto de Mariano Otero. Aquí vuelve a ser el baterista vigoroso, excitante, turbina que impulsa a sus compañeros con la fuerza de un Elvin Jones.

Si hubiera que elegir un track definitorio, ese sería «Rebote». Excelente tema, brillante realización, improvisaciones de alto vuelo y una gran dosis de swing.

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