Democracia en el bar, de Leo Maslíah, en la Farmacia Solís
Hizo difícil el montaje en sus dos o tres espacios (sin contar con la molesta escalera). Ha circulado en el teatro de hoy la consigna «ocupación del espacio», como si un drama de Sófocles o Ibsen fuera una operación militar, cuando todo consiste en que el drama o la tragedia aparezcan con claridad y fe, con prescindencia de tamaños de escenarios y sin destacar la circulación de los actores.
Querer utilizar todos los medios expresivos posibles (escenografía, iluminación, música, coreografía, videos, voces es off, etcétera) suele equivaler a no emplear ninguno, o por lo menos a no emplear ninguno bien.
Los bares, especialmente los de Leo Maslíah, suelen ser lugares calmos. El parroquiano concurre a un bar a hacer una de las cosas más difíciles que nos son dadas, perder el tiempo. Los mozos deben ser parsimoniosos, aún un poco lentos, para cumplir con las características latinoamericanas. Pero no sucede así en esta puesta en escena, donde se corre, donde se está siempre al borde de lo frenético, donde cuesta entender la agitación que conmueve al bar; y la tenue anécdota en que se basa no la justifica. Antes bien, creemos, sin que esto implique un juicio laudatorio para la obra, que el ritmo del autor no fue logrado y que esta distorsión, aparentemente mínima, dañó la puesta en escena.
El libreto reproduce las situaciones del teatro del absurdo, estilo constante en las obras de Maslíah; en comparación con las demás obras del autor, lo encontramos poco ingenioso, harto previsible y, a la larga, muy tedioso. En la dirección del absurdo hemos visto obras con escenas muy superiores, como «No juegues con fuego porque lo podés apagar», y su inolvidable diálogo «Dame la dirección», una pequeña obra maestra de incomprensión y soledad plurales. Si se inaugura una sala que sólo puede ser un café o bar, es inevitable que aparezcan obras de cafés o bares; es inevitable que a la larga su calidad decaiga. «Si alguien pinta un blanco en la ventana de su jardín» escribió G. C. Lichtemberg, «es seguro que alguien tirará adentro».
DEMOCRACIA EN EL BAR, de Leo Maslíah, con Ignacio Alonso, Guillermo Lamolle, Pablo Aguirrezábal, Mario Jolochin, Martín Sacco y Federico Silveira, música de Carlos Giradles, y Francisco Rey y Guillermo Lamolle, vestuario de Natacha Ortega, dirección de Marcela Aravena y Jimena Márquez. En la Vieja Farmacia Solís, Agraciada 2023, teléfono 204 2303.
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