LA CORRUPCION COMO SIGNO IDENTITARIO
La escritora uruguaya Ana Vidal nació en Montevideo en 1960. Su producción literaria, caracterizada por una impecable pintura de ambientes y por el cuidado en el desarrollo de tramas y personajes, ha recibido diversas distinciones: Premio Fundación Bank Boston- Fundación Santillana, por el cuento «Hecho de papel» (1998), Concurso Literario Municipal, por el libro de cuentos «La ternura es enemiga del morbo» (2002), Concurso de cuentos Julio Cortázar», por el cuento «Paisajes antárticos» (2002) y Premio de la Intendencia Municipal de Montevideo, por su novela «Frankfurt, cruce de caminos» (2003).
«En Arraskaeta, un voto clavado», la autora construye una obra que explora y expone -en forma directa y descarnada- lo más oscuro y cuestionable de la idiosincrasia nacional, mediante un brutal fresco social que narra la peripecia de un político inmoral y arribista.
Introduciéndonos en lo más profundo de la psiquis de este prototípico personaje y viendo el mundo a través de sus ojos, Ana Vidal retrata uno de males más endémicos y reconocibles de nuestra sociedad: la corrupción.
Arraskaeta es un mando medio de un organismo del Estado, un político medianamente exitoso que constantemente intenta afianzar su posición de poder, al tiempo que lucha encarnizadamente contra quienes procuran destituirlo y arrebatarle su lugar.
Conocedor de todas las artimañas imaginables, soberbio, manipulador, carismático y hábil para convencer a la gente de que lo que él pretende es lo mejor para los demás, el cínico político debe lidiar contra sus demonios interiores, contra las dudas, los traumas y sus problemas conyugales, mientras utiliza cualquier medio a su alcance, legal o ilegal, para lograr sus propósitos.
El inescrupuloso protagonista es experto en manipular las leyes a su antojo y en comprar voluntades, mediante favores, promesas o meras amenazas.
Desde su privilegiada posición, Arraskaeta gobierna todo y a todos, ensayando un abusivo ejercicio de poder en beneficio propio.
Ana Vidal construye un personaje por momentos risible, por momentos atractivo y naturalmente execrable, pero siempre reconocible, fascinante y polémico.
Además de la fluidez del relato y del complejo entramado político y social que desnuda algunas de las facetas más turbias de nuestra sociedad, destaca, especialmente, el conocimiento de la autora a propósito de los complejos engranajes del poder.
Asimismo, es igualmente plausible la gran capacidad de la talentosa escritora de meterse bajo la piel del personaje, a quien describe tanto en su psicología como en su comportamiento.
Si bien la novela resulta contundente por su lenguaje llano, por la temática que trata, por su perfecto equilibro entre humor y drama, y por la innegable sabiduría de la autora para crear historias, el protagonista es una pieza fundamental para que la narración funcione como un mecanismo sin fallas.
Los personajes secundarios, que enriquecen y confieren aún mayor intensidad al relato, poseen la intrínseca riqueza que sólo puede otorgarles una narradora de fuste.
A diferencia de muchos escritores que son incapaces de crear personajes que no sean, en una u otra forma, alter egos de ellos mismos, Vidal respeta la voz y la identidad de los actores de la trama literaria, tornándolos realistas y funcionales a la historia.
La sapiencia de la talentosa escritora uruguaya mantiene el interés en el relato, hasta un desenlace que resulta atinado, contundente y hasta inesperado.
(Editorial Planeta)
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