Neuronas y neurosis

TERAPIA PARA TELEVIDENTES

Fernando Schmidt es, sin duda, uno de los dramaturgos y libretistas con más humor en el Río de la Plata. Escribe mucho y bueno, se une a gente relevante como Gasalla, anda solo por teatros y diarios y casi siempre se le encuentra una veta de originalidad que es bien recibida.

Este miércoles lo reencontramos con «Terapia de pareja», el nuevo programa de Canal 4 Monte Carlo TV, donde Gaspar Valverde y Karina Vignola procuran salvar su matrimonio a través de una propuesta interesante, hacer un programa de televisión que pueda encarrilarlos como pareja.

Lo visto fue muy desparejo por lo que el balance tuvo vaivenes que afearon la idea.

Su presentación, explicando el título del programa, vale por sí pero la presencia de los dos cónyuges no parece estar en un momento idílico. Karina mostró desenvoltura, es cierto. También Gaspar. Pero éste arrastra vicios que le llegan desde la tarde en el programa de Omar Gutiérrez, a quien intenta, sin suerte, quitar el protagonismo.

Le falta mucho para ser el gran conductor y el cómico que pretende, más aún cuando tiene a su lado a Luis Orpi, un grande.

Quizás lo mejor estuvo justamente con Orpi en su entrevista inicial, en la que una charla en tono simple y claro se transforma en bruscos cortes con quiebres para dar paso a los malos pensamientos del comunicador.

Hubo luego una tontería de mariachis, ya gastados por todos los programas y que aparecieron como figuras del espectáculo.

Llegó el momento de la entrevista ­en la que la pareja trabajó bien, con soltura­ a Sebastián Abreu, el «Loco», un enriquecedor de cualquier programa por ser desfachatado y simpático, más aún si se es hincha de Nacional. Su presencia, sin embargo, quedó en nada cuando en otro corte, como tiempo de relleno, participó de un tonto juego de tiro al arco para derrumbar a un muñeco por más que Orpi logró una muy buena imitación de Cacho de la Cruz, al final de cuentas la razón de la chanza.

Poco afortunado también el sector de la asignatura pendiente, dedicado a «Las consentidas», quienes imitando a las «Trillizas de oro» cantaron disfrazadas una bobería mientras paseaban por el Parque Rodó y luego se divertían ellas, esta vez con dominio de situación, en el estudio de Carve.

La parodia sobre la cocina y «Minúsculo» bajó más el recuento al igual que el tiempo dedicado a Roque Tarasco, un posible candidato a Presidente de la República, situación que ha tenido otros momentos memorables ya fuera con Ricardo Espalter o Jorge Esmoris.

Con la vuelta de los mariachis se fueron. Ahora queda un gusto a poco, tan poco que el canal, para no gastar mucho, dedicó apenas unos metros de uno de sus estudios y algunas sillas mientras las luces giraban queriendo crear climas que no llegaron.

Cambiando de neurosis, entrando en el campo de la publicidad, se destaca la nueva vuelta de tuerca de aquellos dos hermanitos que primero se planteaban la duda del regalo para el día de la Madre, con su mamá embarazada de una nena, luego para el padre panzón, seguros que se les venía otra hermanita. Esta vez, para las fiestas, los creativos encontraron otra buena humorada con la beba en su canasto y uno de los hermanos contándole al otro que es lo que ella quiere y así le dice que «una bicicleta, luego otra, de otro color» y otros regalos que ellos desean, con un momento de duda cuando el que escribe dice «¿Y que más?» y el otro responde «Esperá, está pensando». Es de Movistar. Como decíamos antes, las tres empresas de teléfonos celulares, también Claro y Ancel, están embarcadas en una guerra en la que las agencias de publicidad están mostrando que aquí se hacen cosas muy buenas.

En otro momento palabrearemos sobre qué se nos quiere vender para las fiestas.

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