Historias improbables en el Notariado
¿Quién puede hablar durante cinco o diez minutos, con interés y coherencia, sobre temas como Buda, padre alcohólico, alegría, ser el goleador de un mundial de fútbol o coxis? A partir de esos temas, sin mayor vínculo con la disertación, los actores trataron de idear una serie de historias.
Ello ocurrió luego de las «improvisaciones»; y esas historias podrán haber sido pergeñadas en poco tiempo, pero no fueron improvisadas.
Si el comienzo, una introducción a cargo del músico Jorge Bell (donde se abusó, como sucederá en la «obra», de los juegos de palabras), más un zangoloteo que quiere pasar por ballet, a cargo de toda la compañía, sobra por entero, la «obra» es lamentable; y confesamos que a los diez minutos de comenzada sentimos el vehemente deseo de salir de la sala. No lo hicimos; cada tanto nos volvieron los pujos, que resistimos estoicamente hasta el fin. Las historias que se improvisaron eran apenas inteligibles; la «actuación» devino muy rápidamente payasada, con abuso de falsas voces italianas, españolas, inglesas, que por una convención del teatro cómico deben resultar graciosas, exceso de muecas y visajes y abundancia de movimientos espasmódicos. Se repitieron hasta el hartazgo tópicos y palabras: nos saturaron de «chocolate versátil», «endorfinas» el inefable «coli coli» (masajes a la altura del coxis) y palabras que empiezan por «impro». Como era de prever, los actores apelaron reiteradamente al aplauso fácil, y la obra tuvo no menos de cinco o seis finales, todos ellos seguidos de una coda más aburrida que todo lo anterior. Todo duró unos desesperantes 100 minutos. Hemos comentado en estas páginas algunas obras de autores jóvenes, que se representan en teatros independientes. No repetiremos vanamente sus nombres ni mencionaremos los títulos; pero sean cuales fueren sus errores, apuntan siempre en dirección al arte teatral. Por supuesto, erran el blanco; pero lo entrevén. «Historias improbables», muy similar en su vulgaridad a la no menos exitosa «Montevideanas», se dirige resueltamente en la dirección contraria. Lo único que va a conseguir, sin la menor duda, es estragar aún más el gusto de los espectadores.
El público, enfervorizado, aplaudió, aulló, gritó. Rió puntualmente de todas las groserías; ignoró, no menos puntualmente, los pocos momentos chistosos.
HISTORIAS IMPROBABLES, idea y dirección de Bernardo Trías, por la Comedia Nacional, con Andrea Davidovics, Isabel Legarra, Alejandra Wolff, Luis Martínez, Diego Arbelo y Jimena Pérez, músico Jorge Bell. Escenografía, vestuario e iluminación de Gerardo Egea e Inés Iglesias. En teatro del Notariado.
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