Lidell. Nuevos autores, nuevos directores, nuevas voces

El matrimonio P, en sala de Arteatro

Ignora la dulzura y la «literatura»: trata de sondear el rincón de lo olvidado, bajar a los infiernos, tratar con las atrocidades que anidan en el alma humana.

Algo hay en «El matrimonio P.» de los efectismos de la nueva hornada de dramaturgos españoles, tan propensos al gran guiñol, como Jordi Galcerán en «Palabras encadenadas» o Sergi Belbel en casi todas sus obras y especialmente en «La sangre»; pero algo hay, también, en Lidell que la muestra diferente, original, decidida a perseverar en el camino propio, el difícil y único sendero posible.

Confesamos que Lidell nos interesa mucho menos que su enérgico metteur en scène, Ignacio Fumero Ayo. Con el libreto de la autora y por encima de él, malgrado las dificultades de la escenografía Fumero Ayo derrocha expresividad y fuerza. Hacía mucho tiempo que no presenciábamos una pieza donde la dicción de los actores fuera tan rotunda, tan llena, tan comunicativa, dotada de un tan ritmo vivo. En comparación con el estilo entusiasta y cálido de Fumero Ayo, casi todas las demás obras de la cartelera parecen reducirse a medios tonos desmayados y conversaciones en susurros. En «El matrimonio P.» nadie grita; todo es terrible, pero se dice sobriamente, lo que aumenta el impacto. No podemos sino oír cuanto dicen los actores, y con reverente atención. Ninguno de los intérpretes muestra dudas, los tres se plantan con firmeza en la escena, hablan con aplomo y convicción; y todo ello ocurre dentro de un estilo interpretativo tan personal y unificado, que no podemos sino adjudicar un mérito especial a la marcación del director.

«El Matrimonio P.» de Angélica Lidell, con Eliana Berruti, Inés Pereira y Andrés Monin, dirección de Ignacio Fumero Ayo. En Arteatro, Canelones casi Héctor Gutiérrez Ruiz.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje