Metal Sensible
Cuando Adrenaline, su disco debut, apareció en el mercado discográfico en 1995 fue fácil etiquetarlos como parte del pelotón de bandas que intentaban sonar como Korn: ritmos funk, guitarras con afinaciones hipergraves y cantante a medias cantante, a medias gritón.
Sin embargo, aun ese temprano trabajo mostraba diferencias que un oído medianamente sensible podría haber notado: el cantante cantaba, no lloraba (como cualquiera de los otros vocalistas del «new metal»), el elemento funk era mínimo (reducido a la canción «7 words») y los rugientes riffs de guitarra y bajo se mezclaban con sonidos de corte abstracto, generando climas extraños para las huestes del metal más convencional.
El experimento fue continuado en Around the fur (1997), un disco transicional, en donde el grupo mostraba todavía algunas (escasas) deudas con su pasado «new metal» y en donde se abrían en forma cada vez más clara los nuevos terrenos que el grupo deseaba explorar: el resultado era una especie de Pink Floyd ruidoso sonando detrás de la voz de The Cure. Cuando White Pony (el disco que presentaron en Buenos Aires el miércoles) salió a la venta hace algunos meses, la expectativa en el mundillo del rock no era excesiva: no eran toscos como Korn, no eran exitosos como Limp Bizkit y mucho menos brutos como Kid Rock o algún otro cantante, blanco y subnormal, devenido rapero malvado y sexista.
Por el contrario, las letras del cantante «Chino» Moreno eran cada vez más parecidas a delicados ejercicios de abstracción poética, en donde las imágenes respondían a su lógica interna antes que a los mandamientos de algún género musical.
Lo mismo ocurría con la música de la banda: los pesados riffs que eran marca registrada de Stephen Carpenter, dejaban cada vez más espacio a las complejidades rítmicas del baterista Abe Cunnigham, los bajos profundos y simples de Chi Cheng y los climas oscuros del DJ Frank Delgado.
Las canciones de White Pony son así una suerte de progresiones sonoras en donde la narración no siempre transcurre de acuerdo con las normas del pop y en donde la dinámica instrumental y vocal juega en varios niveles a la vez. Suena raro describir con estos términos el sonido de un grupo que casi cualquier escucha catalogaría como «heavy metal», pero sin embargo, son los únicos que sirven para dar aunque sea una pálida idea de la riqueza, la belleza y la densidad contenidas en White Pony, uno de los discos más importantes del año que terminó hace pocos días.
La crítica, torpe y más preocupada por las cifras de venta de discos que por los discos, los pasó por alto. Sería deseable que no ocurriera lo mismo con el público, ese que todavía sigue buscando buena música, sin más.
Deftones – White Pony / Maverick – Warner Music, 2000
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