LIBROS Contundente. "Agua roja" denuncia los crímenes del escuadrón de la muerte

La oscura historia de la mafia fascista que aterrorizó al país

En “Agua roja”, el escritor Jorge Chagas construye una novela de trazo contundente, que denuncia los crímenes perpetrados por el escuadrón de la muerte que operó durante el tramo más duro de nuestro pasado reciente.

El autor, que nació en Montevideo en 1957, ha sobresalido por la explicitud y la singular agudeza de su escritura, que constituye una suerte de impronta de su producción literaria.

Su obra, que privilegia la indagación histórica, incluye “La soledad del general: la novela de Artigas” (2001) y “Gloria y tormento: la novela de José Leandro Andrade” (2003-2007).

Asimismo, ha publicado ensayos sobre sindicalismo e historia reciente y biografías en coautoría con Gustavo Trullen: “José D´Elía: memorias de la esperanza” (tomos I y II), “El provocador: una biografía de Ruben Castillo” (2004) y “Pacheco: la trama oculta del poder” (2005).

En el decurso de su periplo literario, que ha sido jalonado por numerosos premios y distinciones, Jorge Chagas logró consolidar una sólida identidad creativa, merced a su rigor para la investigación y la calidad de su escritura.

En “Agua roja”, el autor construye una nueva mirada crítica sobre la génesis y las consecuencias de la violencia política que impactó a la sociedad uruguaya en el pasado reciente.

Aunque la narración tiene un acento marcadamente testimonial, este no es ni pretende ser un libro de historia contemporánea. Es sí una novela ambientada en un tiempo de radicales antagonismos ideológicos que estremecieron a nuestro Uruguay.

No es casual que el investigador aborde el tema del escuadrón de la muerte, un fenómeno esporádicamente aludido por la historiografía de la posdictadura, cuya existencia ha sido recurrentemente negada por la derecha.

Sin embargo, existen pruebas contundentes de la existencia de grupos fascistas que actuaban en la clandestinidad aún antes del golpe de Estado, cuyos crímenes permanecen impunes.

La actividad de estas organizaciones terroristas tenía apoyo logístico del aparato estatal de los gobiernos de turno, lo cual impidió el esclarecimiento de esos delitos, que obviamente carecen del paraguas legal de la Ley de Caducidad.

Contrariamente a lo que es habitual, Jorge Chagas observa los acontecimientos desde la trinchera del victimario y no de la víctima, con el propósito de amplificar los decibeles de la salvaje alienación de esos asesinos que actuaban desde las sombras.

En efecto, el protagonista del relato es un integrante del escuadrón de la muerte, que en la vida pública es un docente de historia medieval que desarrolla sus actividades en un centro educativo.

Amante de la música, el cine y el teatro, este siniestro personaje de apellido compuesto nació en el seno de una familia de rancia estirpe, paternalista, católica y ultraconservadora.

Sus ínfulas y delirios de grandeza contrastan con su complejo de inferioridad, que lo subordinan al obsecuente recuerdo de su padre muerto, cuya rígida disciplina sigue acatando.

El único propósito de la vida de este fanático religioso es luchar por “salvar a la patria” de una supuesta conspiración atea y comunista, lo cual, a su juicio, permitiría restaurar en el país los valores legados por la generación de sus mayores.

Para concretar esta misión que se encomienda a sí mismo, el protagonista se “transforma” en Gabriel (como el ángel) y se autoproclama “guerrero de Dios”.

Mixturando la ficción con la realidad, el escritor reconstruye los tensos paisajes cotidianos de comienzos de la década del setenta del siglo pasado, cuando el enfrentamiento entre la guerrilla y los sucesivos gobiernos de Pacheco y Bordaberry alcanzó sus momentos más álgidos.

El relato, que abarca apenas dos años de nuestra historia, está construido mediante un formato de intriga, que impacta por su intensidad y dramatismo.

Narrada casi siempre en primera persona, la novela sigue minuciosamente el curso de la peripecia del protagonista, quien integra un comando del escuadrón de la muerte que comete varios crímenes políticos.

La explicitud del lenguaje amplifica sustancialmente la potencia dramática de la obra, que abunda en crudas descripciones de las torturas a las cuales son sometidas las víctimas, que, a la sazón, son asesinadas con extrema brutalidad.

Sin embargo, en medio de esa barbarie, el autor descubre el lado humano de su alienado personaje, que a menudo flaquea ante el sufrimiento de los prisioneros y hasta se permite algún pensamiento pecaminoso cuando observa a una prostituta.

Jorge Chagas indaga en la psicología de ese asesino enajenado, que, pese a la firmeza de sus convicciones, también tiene sus propios dilemas morales.

Su vida es una suerte de calvario poblado de fantasmas, que discurre entre esas operaciones clandestinas nocturnas y la dramática soledad de una casa poblada por el dolor de la ausencia y la pérdida irreparable.

Este docente, que padece el repudio de sus propios alumnos a quienes considera “subversivos”, es también una víctima del destino, que arrastra la pesada condena de su estirpe y de una educación que lo ha condicionado de por vida.

Con la misma intensidad y virulencia que odia a sus enemigos políticos, el protagonista repudia y desprecia a algunos compañeros de misión, a quienes considera seres inferiores.

El narrador privilegia a algunos personajes secundarios del relato, con el propósito de corroborar la existencia de cretinos útiles que fueron funcionales al poder, pese a ser marginados por el sistema.

Aunque los personajes centrales de esta novela son ficticios, tanto las víctimas como los acontecimientos aquí narrados son reales.

“Agua roja” es un relato de trazo crudo y contundente, que apunta a denunciar los aberrantes crímenes perpetrados por el escuadrón de la muerte, bajo la impunidad que le otorgaba el aparato represivo y las medidas prontas de seguridad imperantes durante los años más oscuros de nuestro pasado reciente.

Mediante una prosa explícita y descarnada, el escritor sumerge al lector en una atmósfera de tensa sordidez, que reproduce el ya instalado terrorismo de Estado que precedió a la dictadura.

Jorge Chagas exhibe su habitual solvencia narrativa y descriptiva, construyendo una obra de fuerte acento testimonial, que indaga en los turbulentos paisajes de una época signada por la violencia y la prepotencia.

(Editorial Rumbo)

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