Restos de García Lorca
Ian Gibson, biógrafo de Federico García Lorca, fusilado durante la Guerra Civil, está seguro de que «nada va a poder impedir» la búsqueda de los restos del «poeta español más famoso del siglo», aunque él «no podría aguantar el dolor» de verlos. «Tengo confianza total en que se va a buscar. Nada lo va a poder impedir», «esto está en marcha» y «la familia no creo que pueda influir nada a estas alturas». «El proceso es imparable», declaró Gibson a la AFP.
Para este hispanista irlandés «es muy malo para todo el mundo, para la familia de Lorca, que haya tantas versiones» sobre su paradero. Sobre él se barajan dos lugares cercanos en la provincia de Granada, donde fue fusilado por milicianos de la sublevación de derechas a mediados de agosto de 1936, un mes después del comienzo de la Guerra Civil (1936-1939).
El biógrafo, de 69 años, cree que «Lorca estaría en contra de su propia familia, porque hay otras personas enterradas con él y sus familias quieren encontrarlos». Los familiares se oponían a que se exhumen sus restos, frente a los parientes de tres personas probablemente enterradas junto a él, el maestro de escuela Dióscoro Galindo, y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, en la provincia de Granada, donde vivía el poeta.
Pero el juez Baltasar Garzón autorizó el 16 de octubre la apertura de varias fosas donde pueden encontrarse los cuerpos de desaparecidos de la guerra, además de anunciar que investigará el paradero de más de 100.000 personas y las circunstancias de su muerte durante este período y la represión de los primeros años de la dictadura de Franco.
Ante esta evidencia, la familia, resignada, y después de mostrarse dividida sobre la apertura de la fosa, ha decidido presenciar los trabajos y pidió a un juez que se hagan en la intimidad para evitar que se convierta en «un circo mediático».
Para el escritor irlandés, encontrar el cuerpo de este poeta comprometido con los gobiernos republicanos de izquierdas «es una cuestión de decencia, de justicia», ya que «lo que pasó en la postguerra fue un crimen masivo» y «a nadie se le ocurre dejar a un abuelo en la cuneta».
Encontrar los restos de Lorca «daría un impulso tremendo» al proceso de búsqueda de los desaparecidos, ya que «estamos hablando del poeta español más famoso del siglo » y del «desaparecido más famoso de la Guerra Civil». «Es importante para el mundo». Pero Gibson, que en 1966 visitó el lugar que le señalaba el enterrador de Lorca, Manuel Castilla, y que documentó en su biografía (1971), no quiere asistir a la exhumación. «No quiero ver, no podría aguantar el dolor de ver los restos de Lorca. Me daría un infarto», asegura.
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