Fin de semana de locos

Todo al mismo tiempo, ahora

Michael Douglas es Grady Tripp, un profesor de literatura cincuentón que debe lidiar con un puñado de situaciones complejas en un mismo fin de semana: una amante embarazada, una mascota asesinada, un estudiante inestable y un coche robado son solo algunas de ellas. Además debe convivir con la sensación de que, luego de haber sido un muchacho maravilla y luego de haber alcanzado la fama con su última novela escrita hace siete años, no puede volver a escribir y uno de sus alumnos, James Leer (Tobey Maguire), amenaza con superarlo en terrenos literarios.

El director Curtis Hanson, hasta ahora un especialista en la construcción de climas ominosos y tensos (La mano que mece la cuna, Malas compañías) y potentes historias policiales (Los Angeles al desnudo, sobre novela de James Elroy), parece haberse decidido a entrar en los terrenos de la comedia. La expectativa para este Fin de semana de locos está centrada sobre todo en el perfil que tendrá ese acercamiento, es decir, si Hanson consevará los rasgos más característicos de su obra previa: la ambigüedad moral de los personajes, la precisión en el manejo de los tiempos del filme y una buena dirección de actores que ha logrado que intérpretes no muy destacados (Kim Basinger, que ganó el Oscar por su actuación en Los Angeles al desnudo o Rob Lowe en Malas compañías, por ejemplo) lograran algunos de sus momentos más destacados en el cine.

El elenco de Fin de semana de locos (una de las más torpes traducciones de título que se recuerden) se completa con Frances Mc Dormand como la novia de Grady, el conflictivo Robert Downey Jr como Terry Crabtree, el editor del ya veretano «wonder boy» del título, y Katie Holmes, como Hannah Green, una joven estudiante que pretende conquistar a Grady.

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