COMPLICADAS ESTRATEGIAS DE LA PUBLICIDAD
Como es tiempo de los premios Tabaré vale encaminarse hacia otras sendas y la más fuerte en sus ataques, es la publicidad.
Aunque haya quejas de directores de canales privados que precisan que hay menos avisos que en otras épocas, ya se sabe que hay abuso en el minutaje admitido por hora, como es el caso claro de «Showmatch», en el que se supera la media hora larga de mensajes que llenan nuestras percepciones y por ende escapan a la idea de convencernos.
La guerrita publicitaria más clara está dada por las tres empresas que ofrecen telefonía celular. Ancel, Movistar y Claro no cejan en lanzar anzuelos para pescar nuevos clientes y en casi todos los casos la producción es buena y hasta muy buena.
Sin embargo, hay un ejemplo que nos provoca dos reacciones, la aceptación fuerte de la idea y el rechazo tan fuerte de las consecuencias. Es el comercial de Claro en el que un hombre habla con alguien y le pide que espere un momento y se va a jugar al fútbol con unos gurises, y su segunda versión de la muchacha que pide a su interlocutor que espere mientras ella va y se prueba montones de ropas. Pocas veces hemos aceptado una idea tan clara como la de poder hablar todo el tiempo que se quiera. Es, sin duda, muy vendedor, vigoroso en ese sentido de probarnos que no hay límites. Pero, luego de aceptarlo nos entra una duda poderosa. ¿Por qué se deja a la otra persona colgada, esperando que pase un buen rato para poder restablecer la comunicación? El tiempo tiene su valor para todos, porque el fulano llamado está perdiendo el suyo. ¿No hay cierta desconsideración hacia ese amigo que espera y espera?
Otra serie de avisos penetrantes fueron los testimoniales del día McDonald’s feliz ya que nadie pudo escapar de esas manifestaciones de ex enfermos de cáncer decididos a apoyar el nuevo desafío, que fue triunfal ya que se vendieron varias decenas de miles más de hamburguesas que en el pasado año.
Otros que vienen a la mente como buenos avisos son el de cerveza Patricia y «querés la virtual o la verdadera», el del Banco Comercial para sus préstamos para vivienda en el que todos rebotan en pisos y paredes y el de galletitas Oreo cuando el niño más pequeño termina venciendo al empapar la golosina volcando su vaso abierto únicamente con el sorbete.
Ser televidente de tandas, hay que admitir, puede provocar daños a la salud. Su consumo exagerado no es recomendado porque en el final le queda como recuerdo alguna idea que un talentoso creativo ha desarrollado para convencerle de marcas y productos y nada da resultado.
La pacatería está pasada de moda pero hay ejemplos de mal gusto que dejan su sello de genialidad tonta, barata, inoperante y hasta despreciable. Hay, en esto que es la liberación de las generaciones, un verdadero mamarracho que es el de los preservativos Prime y su grotesca canción del Tracatraca y el de los también condones Tulipán que son mostrados en una animación como personitas extrañas, que no pueden identificarse con la realidad.
Otra macana que anda por los aires es la de un pegamento, Uhu, en el que se muestra cuán eficaz puede ser (se levantan hasta camiones) pero que termina con una infeliz afirmación de «no se pegan los dedos al instante», lo que presupone que después de ese momento quedará con sus extremidades unidas por siempre. Queda, como buena muestra de generosidad, el aviso del espectáculo «HI 5″, en el que como una buena ventaja se señala que los menores de un año entran gratis. Créalo. ¿Se imagina al público soportando llantos y cambios de pañales en medio de la función?
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