El canto unificador
«Verdi fue para la unidad de Italia lo que Dante fue para la lengua italiana», aseguró la ministra de Cultura Giovanna Melandri al presentar en Milán el programa oficial de «año verdiano», que iniciará el sábado 27, aniversario de la muerte del célebre compositor.
Para los italianos rendir homenaje a Verdi es como celebrar al símbolo más importante del Resurgimiento italiano, el movimiento de liberación y unificación de Italia del siglo XVIII.
«Hablar de Verdi es hablar de un padre para los italianos», escribió el musicólogo Massimo Mila en ocasión de los 50 años de la desaparición.
El conmovedor coro de los judíos en exilio del Nabucco (el famoso «Va pensiero») fue considerado e interpretado desde su estreno, el 9 de marzo de 1842, como un himno a la independencia de una nación que estaba bajo el yugo de los austríacos. El público de la Scala se identificó esa noche con ese «pueblo rehén de los babilonios», a pesar de que las notas de esa dulce aria son más que todo románticas y no un canto de liberación. Los muros de Milán fueron cubiertos el día después de escritos con la palabra V.E.R.D.I., las iniciales de Víctor Emanuel II, Rey de Italia.
En 1843, cuando musicalmente exhortó a la batalla contra los sarracenos en la primera cruzada («La santa terra oggi nostra sará»), el público de La Scala estalló con un coro de gritos de «Â¡Sí, la tierra será nuestra!».
El compositor, poco interesado por la política, fue convencido por el Conde de Cavour, uno de los estadistas que contribuyó a la unidad de Italia, a presentarse como diputado del primer parlamento italiano en 1861. Italia, ya libre y unida, cubrió de honor a su compositor favorito. Su muerte, el 27 de enero de 1901, en el Gran Hotel y Milán, cerca de La Scala, dio lugar a varios días de duelo y a funerales nacionales.
Cien años después el fervor prosigue, su popularidad, aun entre los jóvenes, sigue vigente. La pasión, genialidad y dedicación por el «bel canto» son sus cualidades más apreciadas. A nivel político sigue suscitando consenso.
Tanto la izquierda como la derecha respetan al «maestro de Busseto». El líder del mayor sindicato italiano CGIL, Sergio Cofferati, elogió recientemente la obra de Verdi como «la huella constante de una conciencia común italiana». «Sé que la obra de Verdi representa muchas cosas. Pero en épocas tan peligrosas y sombrías, en que la amenaza del separatismo aparece, esa dimensión me reconforta», explicó Cofferati.
Del otro lado del espectro político, la Liga Norte adoptó el «Va pensiero» del Nabucco como himno de Padania, las regiones del norte que reclaman la autonomía. «Verdi es uno de nosotros, un hombre del pueblo, popular, cerebral, lleno de amor y encanto», sostuvo el líder separatista Umberto Bossi.
El gobierno de centro izquierda creó un Comité Nacional para las Celebraciones Verdianas, presidido por Fedele Confalonieri, una de las figuras más cercanas al líder de la oposición de derecha Silvio Berlusconi.
Las conmemoraciones por Verdi en 2001 serán una de las pocas ocasiones de unidad en un año delicado, durante el cual se celebrarán elecciones parlamentarias y probablemente cambiará la mayoría gubernamental con su cortejo de polémicas, ataques y rupturas.
El garante supremo de las instituciones, el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, presidirá las celebraciones, que se inaugurarán con una visita a su pueblo de nacimiento, Busseto, y en la noche, la ejecución de la Misa de Requiem en la catedral de Parma, la ciudad cercana, en donde el compositor residió buena parte de su vida.
La otra ciudad en donde obtuvo sus mayores éxitos, Milán, dedicará buena parte de su temporada al compositor, mientras una exposición sobre «Verdi, el hombre, su vida, el mito» permanecerá abierta hasta febrero.
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