Cinemateca presenta desde hoy un ciclo de filmes documentales de Pirjo Honsakalo
El cine de Pirjo Honkasalo ofrece una visión del mundo cargada de sensibilidad y espiritualidad. Sabe expresar como pocos los sentimientos a través de la imagen. Para ello no recurre a la insistencia discursiva ni la facilidad del tema emotivo. Sólo necesita una cámara.
Comprometida con la realidad que le ha tocado vivir, Honkasalo hace cine social, sin caer en la propaganda política. Trata, y lo logra, transmitir etapas de la vida, circunstancias y personajes olvidados, las verdades de pueblos castigados como Chechenia.
Con más de treinta y cinco películas a sus espaldas, entre colaboraciones y títulos propios, el cine de esta finlandesa presume de una formación envidiable. Estudió en la Escuela de Cine de Finlandia hasta los 21 años. A finales de los 60 continuó sus estudios en la escuela Famu de Praga, una de las más prestigiosas a nivel europeo en esa época. Finalmente, culminó su preparación en la Universidad de Filadelfia.
Hoy a las 17.30, 19.30 y 21.30 horas se exhibirá «Las tres habitaciones de la melancolía» (2004). El sangriento, interminable conflicto chechenio, observado a través de una triple mirada: los jóvenes de una academia militar rusa, niños refugiados y un pueblo arrasado por la guerra.
Mañana a las 18.00, 19.30 y 21.00 horas se podrá ver «Tanjuska y los siete diablos» (1993). Una niña de extraño comportamiento, un padre que está convencido de que su hija está poseída por fuerzas diabólicas, un documento humano que se introduce, con sensibilidad y rigor en un tema en las fronteras de la espiritualidad y la superstición. El jueves a las 18.00, 19.30 y 21.00 horas se presentará «Atman» (1997). Un discapacitado viaja con las cenizas de su madre a un remoto rincón del Himalaya, en un tránsito que es también un viaje iniciático en pos de la divinización. Finalmente, el viernes a las 17.50, 19.30 y 21.10 horas se proyectará «Misterio» (1991). El choque entre el mundo espiritual y el moderno a través de la vida de unas monjas ortodoxas rusas que viven en un convento al nordeste de Estonia. Esas religiosas oran y protegen un árbol sagrado al que atribuyen cualidades milagrosas. Honsakalo no cree ni deja de creer: su cámara muestra el comportamiento de la gente.
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