En enero Les Luthiers presentará "Lutherapia" en Punta del Este
No descansan nunca. Cuando no están sobre el escenario, sus cerebros van pensando nuevos números de humor, creando partituras originales e inventando instrumentos informales.
Después del fenomenal éxito de las celebraciones del cuadragésimo aniversario, con varios concursos y una exposición en el Centro Cultural Recoleta, que fue visitada por miles de personas, después de largas giras y actuaciones en países de habla hispana, se podía esperar que el quinteto argentino tomara un receso con la satisfacción del quehacer artístico que ellos saben cumplir.
Pues no hubo ni tregua ni vacaciones. Reaparecieron los cinco, frescos y lozanos, inmarchitables y divertidos, exhibiendo la fertilidad de sus ideas y revitalizando el estilo único e inimitable que los hizo aclamados durante más de cuatro décadas.
Aquí está «Lutherapia», con renovadas canciones, nuevos instrumentos y los desopilantes textos que surgen de las situaciones absurdas, los retruécanos del idioma, los diálogos mal entendidos, las respuestas inverosímiles, los dardos irónicos.
Y siempre la espontaneidad y precisión de las actuaciones, la excelente armonización de las voces, la actitud de respeto hacia la inteligencia del espectador, evitando los golpes bajos y los chistes groseros y vulgares.
El título del show apunta a las sesiones de terapia a las que debe acudir Daniel Rabinovich.
Según le explica al psicólogo Marcos Mundstock, sus traumas aparecen por causa de una tesis que le encomendaron sobre la «semiología estructuralista musicológica en las obras de Johann Sebastian Mastropiero».
La hilarante conversación entre ambos pasa a ser el sustituto de la famosa carpeta con la que Mundstock solía presentar los distintos sketches. Uno sólo de ellos es conocido: es la jocosa «Pasión bucólica» del año 1985, que muestra a las dos encantadoras ancianas que alternan su graciosa cháchara con el vals que ellas ejecutan.
Una opereta medieval presenta al cruzado Carlos López Puccio conduciendo sus huestes para derrotar al malvado sultán Saladino, pero la aventura se complica por el temor de sus hombres y la aparición de un arcángel y una bella y seductora harpía.
«Dolores de mi vida» es una galopa psicosomática en la que Daniel canta su dolor por la indiferencia de su amada, que lo ha abandonado.
El mismo luthier busca la «Paz en la campiña» por causa de la neurosis que le provoca la vida en la ciudad. Pero Les Luthiers demuestran que el campo tampoco es tan pacífico como se piensa.
En «Las bodas del rey Pólipo», los juglares dedican a la princesa una canción que no resulta del agrado del monarca.
Enseguida Carlos Núñez Cortés toca en el piano un hermoso blues (que después se transforma en un vigoroso boogie-woogie) acompañado por Jorge Maronna y el formidable «bolarmonio», un instrumento de viento compuesto por pelotas de fútbol, que resultó ser el primer premio de uno de los concursos realizados el año pasado.
Una cómica variante de un famoso cuento infantil es «El flautista y las ratas», que termina como siempre con Les Luthiers exactamente al revés de lo que se desea. Le sigue una cumbia que aúna un contagioso ritmo con un «Dilema de amor» plagado de nombres de célebres filósofos y epistemólogos.
Un estudio de Mastropiero sobre el tarareo da lugar a un delicioso vals criollo a propósito de campesinos que esquilarán, labrarán la tierra y cultivarán las flores. «El día del final» es un exorcismo sinfónico-coral que narra la llegada del demonio a la Tierra.
La obra permite abundar con ironías sobre hechos actuales, incluyendo dogmas religiosos, profecías de Nostradamus, prohibiciones de abortos y principios retrógrados.
Hace su aparición aquí la «exorcítara», un nuevo instrumento que se asemeja a un arpa rectangular y cuyas cuerdas son tubos de luz de neón. Es ejecutado por Maronna, Núñez Cortés y López Puccio en medio de la oscuridad más absoluta.
El efecto visual y sonoro es alucinante.
Quedan unos minutos finales con los que se llega a la sorprendente solución para la tesis de Rabinovich. La fiesta se completa con «El explicado» (fuera de programa, por supuesto), el memorable gato didáctico que desde hace más de treinta años es una de las piezas más aplaudidas del grupo argentino.
Les Luthiers siguen llenando funciones en todas las salas en las que actúan.
Es emocionante, una vez terminado el espectáculo, verlos en fila en el escenario, saludando a un público enfervorizado y entusiasta, que los ovaciona largamente agradeciendo las casi dos horas de brillante creatividad teatral, actoral y musical que brindan estos cinco gigantes del buen humor.
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