Arte

Montaje creador

En los últimos cuarenta años, la actividad artística de museos y centros culturales se modificó en forma significativa. Colgar en fila india los cuadros o recostar contra la pared las esculturas, son prácticas olvidadas. O no tanto. Aquí y allá, de cuando en vez, emergen como relictos del pasado.

Claro, los nuevos lenguajes (materiales tecnológicos, instalaciones, videos, interactividad) han provocado inesperados desafíos a los curadores convertidos en estrellas fugaces de una exposición, a veces con indiscutible legitimidad.

El genial suizo-alemán Harald Szeemann, que no tuvo un discurso teórico memorable, supo en cambio conducir un guión curatorial a su infalible destino y persuadir al visitante con sus encandilantes propuestas a partir de su primer opus en 1969 ( Cuando las actitudes se convierten en formas, Berna), la documenta de 1972, La búsqueda de la obra total, 1983, o la IV Bienal de Lyon, caracterizadas por romper las barreras de las convencionales lecturas restrictivas del arte y la creación artística.

A partir de Szeemann el montaje de las exposiciones cambió. El montaje se convirtió en un hecho estético en sí mismo y, al mismo tiempo, complejizó, al multiplicar los puntos de vista, la comprensión de la obra del artista, enriquecida en una dimensión expandida.

Quizá, por su vasta experiencia en los viajes al exterior como director del Museo Nacional de Artes Visuales, Angel Kalenberg decidió asumir ese legado de Szeemann. Es lo primero que se advierte al entrar al Centro Cultural de España.

Battegazzore: el derrumbe de la semejanza, en homenaje a Jorge Oteiza es una de esas exposiciones que marcan una temporada. Angel Kalenberg intervino como curador invitado y lo que no hizo en el museo del Parque Rodó por diferentes motivos (ahora vuelven a emerger con otros nombres), lo ejercita desde el CCE.

No le interesó recurrir a una mirada retrospectiva o antológica, sino poner en situación la compleja personalidad de Miguel Battegazzore de creador múltiple: pintor, dibujante, escultor, diseñador, muralista, figurinista, escenógrafo, docente, crítico de arte, investigador del color y de los problemas teóricos del arte de todos los tiempos, en especial de los períodos renacentista y barroco y de agudas reflexiones sobre Torres García en el libro La trama y los signos.

Kalenberg impone una visión totalizadora en la circularidad del montaje. No establece compartimientos estancos ni cesuras cronológicas o apartados temáticos o formales. Le importa la complejidad del acto de crear en Battegazzore, la estrecha relación entre las influencias, las ideas y la formalización de las mismas.

Es tal la intensidad del montaje que la unidad se establece casi con naturalidad, sabiendo que surgió de una elaboración inteligentemente pensada. Y estupendamente resuelta. Por eso, aunque se advierten ausencias esenciales ( Marcas, contramarcas y señales, la serie más contundente de Battegazzore), ni se pone demasiado énfasis en Tiro al blanco, 1976 (se exhibe el afiche-catálogo, la reconstrucción de alguna obras), la primera instalación en Montevideo que inauguró una manera diferente de presentar la creación de artistas uruguayos (hay fotos existentes que debieron figurar) y hasta cierta desprolijidad, propia de la impulsiva vitalidad del artista, en resolver los cuadros, no así las esculturas, todo eso pasa inadvertido ante el impacto total del montaje, la persuasiva claridad del sorprendente y diverso recorrido.

Y si bien el escultor vasco Oteiza y Torres García, aparecen adecuadamente señalados entre los maestros de Battegazzore, no lo está tanto el escultor español Yepes, que también contribuyó por su relación amical. En el importante catálogo, con mínimas erratas, se desaprovechó la oportunidad de incluir una bibliografía y textos documentales escritos hasta del propio artista. Nadie es perfecto.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje