Director mirando al vacío: la triste decadencia de Subiela
Punta del Este
El abanico ha logrado latitudes distantes como el caso del filme griego Peppermint de Costas Kapakas hasta la más cercana (y última realización del argentino Eusebio Subiela) Las aventuras de Dios.
En el primer caso, el público puntaesteño pudo acceder a una entrañable realización sobre el descubrimiento sentimental de un adolescente y su nostalgiosa evocación de un pasado irrecuperable. Con mucho humor y un especial tino para el apunte costumbrista, Kapakas logró redondear una sensible historia sobre la realación afectiva de dos primos en medio de una historia donde supo radiografiar una época que –curiosamente–mostraba muchos puntos de contacto con nuestra realidad. Sin alcanzar la estatura de obra mayor pudo decir lo suyo con oficio y rigor lo que ya es bastante.
Mientras tanto, Los ríos de color púrpura de Mathieu Kassovitz (denominado el «apóstol de la violencia» por la prensa francesa en virtud de realizaciones como El odio y Asesinos), resultó la veta más comercial del festival a través de este negrísimo thriller que une la investigación de dos policías (Jean Reno y Vincent Cassel) tras la pista de un asesino en serie. Con mano maestra para lograr climas sombríos y enganchar al auditorio desde el vamos, Kassovitz terminó pagando tributo, sin embargo, al esquema hollywoodense con un desenlace al estilo Arma mortal. De todos modos puede verse, como dicen los que saben.
Pero, sin lugar a dudas, el gran fiasco de este encuentro cinematográfico ha resultado ser Las aventuras de Dios de Eusebio Subiela, una realización pretenciosa y cercana al mamarracho que, intentando justificarse como un «homenaje al surrealismo», terminó delatando una absoluta falta de imaginación. Una verdadera lástima porque el largometraje en cuestión logra rescatar una preciosa fotografía (para el mejor de los recuerdos) sobre el Hotel Carrasco de Montevideo, donde se realizó el rodaje digital. Pero descontando este prolijo trabajo de filmación, la película tropieza permanentemente con un guión que refrita frases hechas y calca propuestas buñuelescas sin mayor inventiva.
En conferencia de prensa el director insistió en una elaboración basada en la «escritura automática», a la hora de confeccionar el libreto, y subrayó que había sido el trabajo fílmico en el que se había sentido más libre. Además de la supuesta libertad artística es probable que el director de otros títulos atendibles como Hombre mirando al sudeste e incluso, El lado oscuro del corazón, hubiese necesitado mayor capacidad de autocrítica. Pero así está el mundo del cine, amigos. En fin, nos vemos en el balance.
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