"Viaje al centro de la Tierra": una película hueca y sin pretensiones
Claro, el problema es que mientras el viaje resulta atractivo, la película se diluye a toda velocidad. Quizá su punto más fuerte es que existe en versión 3D y esa sí es una experiencia excitante.
Tampoco hay que pecar de ingenuo y pensar que esta adaptación del clásico de Verne podría resultar diferente a lo que se ve en la pantalla: un viaje fantástico, propio del imaginario opulento de su autor, pero que llevado al cine con los códigos que prevalecen en la industria del entretenimiento, solo podía desembocar en una película hueca, sin fibra y sin mayores pretensiones.
Aquí, el visionario o loco científico Trevor Anderson (Brendan Fraser), su sobrino Sean (Josh Hutcherson) y una guía regional islandesa, Hannah (Anita Briem), que naturalmente es rubia y bella, quedan atrapados en una cueva. La única posibilidad de escapar de allí es adentrándose en las entrañas de la Tierra y correteando por mundos nunca imaginados, escapar de criaturas fantásticas, plantas carnívoras, un volcán a punto de explotar y la infaltable historia de amor.
Ese argumento asegura entretenimiento, especialmente a los más chicos y algunos grandes que se dejen llevar por la historia, aunque sin el 3D, la película pasaría completamente desapercibida.
Verne, cuando la escribió en 1864, demostró que tenía más imaginación que muchos directores de cine de hoy en día.
La concreción del proyecto llevó más de diez años, varios directores dieron un paso al costado por miedo a destruir el libro del escritor francés y cayó en manos de Eric Brevig, que hace muy poco para evitar el desastre estético y la falta de respeto a la obra original.
«Viaje al centro de la tierra» es lo que prometía ser, un mero pretexto para explorar nuevas tecnologías, en este caso la brillante perfección de la tercera dimensión, algo que en sí mismo resulta lo más atractivo de todo el asunto. Lo increíble es cómo una película que bien podría catalogarse como serie B, es revestida de un arsenal tecnológico apabullante y obviamente, muy vistoso.
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